“Calumniare, audacter calumniare, Semper aliquid
haerebit”. “Calumniad que de la calumnia algo queda”. Significa que incluso una
mentira difamatoria deja una mancha duradera; se atribuye esa frase al pensador
renacentista Francis Bacon, que la empleó en su obra De Dignitate et Augmentis
Scientiarum, (tratado de filosofía natural), que resalta el daño de la
difamación.
Algunos precandidatos (as) de la consulta interpartidista
de Centro – Derecha han optado por descalificar personalmente al Dr. Abelardo de
la Espriella por varias razones que vamos a analizar serenamente:
1.- Tienen temor al crecimiento político. - Cuando un liderazgo empieza a conectar con
sectores amplios de la ciudadanía, suele ser blanco de ataques y es cuando
aparece la calumnia como un atajo para intentar frenar a quien perciben como
amenaza a la competencia interna.
2.- Incapacidad de confrontar ideas. - La descalificación
personal suele sustituir el debate programático. Quien no logra controvertir
propuestas, recurre al insulto para sembrar dudas y confusión en la opinión
pública.
3.- Estrategia de desgaste mediático. - Repartir sospechas, aunque no estén
respaldadas por pruebas, busca erosionar reputaciones. Es una práctica infame,
reprochable, pero frecuente, en escenarios donde algunos creen que “algo queda”
de una acusación falsa.
4.- Falta de responsabilidad jurídica y ética. - En un
Estado de Derecho, las denuncias se presentan ante la autoridad competente, no
en redes sociales, ni en micrófonos. Quien afirma tener pruebas tiene el deber
legal y moral de aportarlas a la justicia. Si no lo hace, incurre en calumnia,
una conducta reprochada tanto por la ley, como por la ética pública.
5.- Efecto boomerang. - Cuando los señalamientos no
prosperan y la persona señalada no es hallada culpable, como lo sabemos
millones de colombianos en lo que respecta al Dr Abelardo De la Espriella, los
calumniadores quedan expuestos ante la ciudadanía como lo que son: Envidiosos
difamadores sin sustento.
Resumen: La contienda democrática no se hace con insultos, sino con ideas, propuestas y respeto por la ley. Los difamadores miran para otro lado cuando se trata del candidato que es considerado la verdadera amenaza del Estado de Derecho, Iván Cepeda. No se detienen a controvertir sus vínculos con los grupos armados ilegales, ni a exigir de los Estados Unidos que se publique el contenido de los computadores de alias “Raúl Reyes” para demostrar su cercana relación con las Farc, sino que se ensañan con el candidato ganador que no ha sido condenado ni investigado con fundamento. Lo que prueba es la pobreza moral y política de quienes le quieren hacer daño.



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