"El reciente debate no dejó propuestas sólidas, no propuso políticas públicas de reconstrucción nacional, no mostró liderazgo ni visión de país, y mucho menos la estatura que exige el momento histórico que vivimos".
Después de presenciar el soso,
previsible y carente de ideas, sobre políticas públicas, el debate televisado
de los precandidatos que insisten en participar en la interconsulta del
Centro-Derecha, resulta imprescindible hacer una interpelación directa y
necesaria a sus líderes políticos. No censuramos al electorado, ni a la
militancia de base, sino a quienes, teniendo responsabilidades, hoy conducen
ese sector a una mayor fragmentación y, con ello, hacia una inminente derrota
anunciada.
Mientras Gustavo Petro actúa
descaradamente las 24 horas del día como jefe de debate del candidato de la
izquierda, utilizando su investidura presidencial para hacer campaña y moldear
el escenario electoral a su favor, el Centro-Derecha se entretiene en un juego
de niños, inflando sus egos en debates sin contenido que no entusiasman, no
convocan y, peor aún, no ofrecen alternativa evidente de poder. No hay
procurador que defienda el Estado de Derecho. El jefe del ministerio público
guarda silencio, mientras Petro actúa como jefe de debate de Iván Cepeda, sin
controles, sin límites y sin sanción alguna.
El reciente debate no dejó
propuestas sólidas, no propuso políticas públicas de reconstrucción nacional,
no mostró liderazgo ni visión de país, y mucho menos la estatura que exige el
momento histórico que vivimos. No vimos entre ellos a un Alberto Lleras, ni a
una Esmeralda Arboleda. Fue un ejercicio burocrático, desconectado de la
realidad nacional, desconectado de lo que necesita escuchar Colombia de sus
candidatos. Un espectáculo que confirma lo que muchos ciudadanos pensábamos que
iba a suceder. La tal Interconsulta se ha convertido en un triste episodio
vacío, incapaz de producir entusiasmo entre la gente y mucho menos, nos permitió
ver un liderazgo unificador.
De ahí, que la responsabilidad
de los colombianos que tenemos claro la gravedad del momento, es unirnos
alrededor de la candidatura única, independiente, sólida y victoriosa de
Abelardo de la Espriella con miras a ganar la presidencia de Colombia en la
primera vuelta.
Lo contrario sería un acto de
irresponsabilidad histórico que conducirá al país al desastre.
Persistir en una interconsulta
sin contenido, sin mística y sin liderazgo real, repito, es un acto de
irresponsabilidad nunca antes vista. Lo mejor que podrían hacer, si realmente
les importa el país, es renunciar a esa apelación estéril, unirse todos
alrededor de un solo candidato, el que hoy se mira con mayores posibilidades de
triunfo, el Dr. Abelardo De la Espriella, para evitarle a Colombia mayores
males.
La historia nos pasará
factura, si actuamos por cálculo personal, si preferimos fragmentar a nuestra
militancia antes de unirla, competir antes de construir, debatir mientras la
izquierda se consolida en manos de quienes no creen en los límites
institucionales. Los precandidatos tienen la palabra.



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