La anunciada consulta interpartidista del 8 de marzo la presentan ante
la opinión pública como un ejercicio democrático orientado a “ordenar” el
abanico de precandidatos presidenciales. Sin embargo, su costo fiscal y su poco
impacto electoral permite concluir que estamos ante un mecanismo, costoso e
irrelevante. No es solo una opinión marginal. El expresidente Álvaro Uribe
llego a calificarla, hace pocos meses, como “derrochona”, con justa razón. En
un país con una economía debilitada, con déficits fiscales crecientes y con
millones de ciudadanos golpeados por la inflación y el desempleo formal,
destinar cuantiosos recursos públicos a una consulta sin efectos reales sobre
lo que será el resultado presidencial final es, como mínimo, irresponsable.
Además de lo costosa, el problema de fondo es la debilidad estructural
del universo electoral que convoca la competencia. En ella participarán al
menos nueve precandidatos: Juan Carlos Pinzón, Paloma Valencia, Enrique
Peñalosa, Vicky Dávila, David Luna, Mauricia Cárdenas, Daniel Oviedo, Juan
Manuel Galan y Aníbal Gaviria, cuyos niveles de voto, medidos por distintas
encuestas, se mueven en márgenes bajos, fragmentados y superpuestos. Ninguno de
ellos tiene personalmente un electorado sólido ni acumulable; es un reducido
sector de opinión que se redistribuye entre los distintos precandidatos.
Inclusive para quien resulte ganador, cualquier que sea, en el caso más
favorable, si es la senadora Paloma Valencia, como lo dice la encuesta de Atlas
Intel con el 19,7 % dentro de la consulta, el efecto real en la elección
presidencial sería marginal, y ese porcentaje no se podría ver como un respaldo
nacional, ni de crecimiento para la primera vuelta y mucho menos para una
eventual segunda vuelta A lo anterior, se suma un hecho político
importante: Sergio Fajardo, uno de los pocos actores con un caudal electoral propio, ha decidido no entrar en el juego de la consulta. Su ausencia
vacía aún mas los resultados que pueda arrojar la consulta y confirma que los
acuerdos de fondo no se están construyendo allí, en la consulta, sino en otros
escenarios paralelos. Para nadie es un secreto que Juan Manuel Santos, no se va
a quedar quieto y como mañoso articulador, buscara reconfigurar alianzas, hasta
con el diablo de Cepeda, que le permitan conservar influencias en el próximo
gobierno, sin someterse al desgaste de la consulta.
Con todo el respeto, aprecio y la consideración que le debo a mi jefe el
Dr. Álvaro Uribe Vélez, debo disentir de su manifestación en el sentido de que,
si el Dr. Abelardo de la Espriella “pasa” a segunda vuelta, el CD lo
acompañaría. Estimado presidente Uribe; esa posibilidad no pude ser considerada
como opción. El país no la está considerando: los amigos de la candidatura
independiente de Abelardo de La Espriella tenemos muy claro que la apuesta es
ganar en la primera vuelta. Para los defensores de la patria, ni las ventajas,
ni las segundas partes serán buenas: la consiga es ganar en la
primera vuelta y ahora.
¿No es más sensato que los precandidatos, en lugar de dilapidar recursos y dividir fuerzas, avanzaran en acuerdos programáticos y de gobernabilidad alrededor de una sola candidatura, la de mayor capacidad de victoria, como la de Abelardo De la Espriella?



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