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jueves, 22 de enero de 2026

PARAPETO. - DAVOS: DONDE EL PODER POLÍTICO SE SIENTA CON EL PODER ECONÓMICO REAL. PARTE I

 
Ministro de Canadá, Mark Carney.


 Por Julio Bahamon 


De ahí, la importancia que reviste el discurso que pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney, sobre la nueva realidad Global en la reunión anual del Foro Económico Mundial de la ciudad de Davos (Suiza) el pasado 20 de enero. ¿Cuál es el objetivo declarado de la reunión? “mejorar el estado del mundo mediante la cooperación público-privada”. 


A este foro asisten los países desarrollados o primeras potencias del planeta: Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, el Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Países Nórdicos, y Australia. Las potencias emergentes: China, India, Brasil, México, Indonesia, Sudáfrica y países del Tercer Mundo, América Latina, Colombia, Chile, Perú, Argentina, etc., África y países de parte de Asia. Estos últimos con menor poder real, pero con enormes intereses en juego.

 

El punto central de su intervención: “el orden internacional basado en reglas”. El señor Carney afirmó en tono provocador que, el sistema que prevaleció desde la Segunda Guerra Mundial, basado en reglas multilaterales, instituciones como la OMS (La organización mundial de la salud), la OMC (Organización mundial de comercio), la ONU (organización de naciones Unidas), están colapsando. No simplemente transformándose:  señalo que vivimos una “ruptura” en el orden mundial caracterizada por una competencia abierta entre grandes potencias en vez de cooperación regulada. Su intervención la hizo con la intención de “convocar” a lo que llamó las “potencias intermedias”, como Canadá, a actuar colectivamente para proteger sus intereses y valores frente a los grandes estados que, según él, ya no respetan límites ni reglas. Su mensaje es clave: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Los invito, a dejar de confiar en acuerdos bilaterales con grandes potencias que solo refuerzan la dependencia y la subordinación. Sin nombrar al presidente Trump ni a los Estados Unidos, el señor Carney criticó lo que él llama el uso coercitivo de la economía (aranceles, cadenas de suministro, finanzas como herramientas geopolíticas), por parte de grandes poderes para imponer su voluntad, manifestación que fue interpretada como una respuesta a las tensiones entre su país, la U.E. y EE.UU. sobre la disputa sobre Groenlandia y amenazas de aranceles.

 

Carney propuso una estrategia pragmática basada en valores, mediante coaliciones flexibles entre países que comparten principios y objetivos, en construir nuevas formas de cooperación. Su discurso en Davos fue una declaración estratégica sobre la realidad global. Las grandes potencias compiten abiertamente y las medianas deben unirse, fortalecer su autonomía estratégica y forjar nuevas formas de cooperación.

 

¿Y para los países “tercer mundistas”? Aquí está la clave. Davos no es neutral: Los países ricos llegan con poder, mientras los países pobres llegan con necesidades.  Por eso Davos puede ser una oportunidad si hay estrategia, o una trampa, si solo se va a repetir discursos ajenos. La semana entrante explicaremos qué debería ir a decir Colombia a Davos si actuara como un país soberano y serio. Julio Bahamon.

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