De ahí, la importancia que reviste el discurso que pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney, sobre la nueva realidad Global en la reunión anual del Foro Económico Mundial de la ciudad de Davos (Suiza) el pasado 20 de enero. ¿Cuál es el objetivo declarado de la reunión? “mejorar el estado del mundo mediante la cooperación público-privada”.
A este foro asisten los países desarrollados o primeras
potencias del planeta: Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, el Reino
Unido, Japón, Corea del Sur, Países Nórdicos, y Australia. Las potencias
emergentes: China, India, Brasil, México, Indonesia, Sudáfrica y países del
Tercer Mundo, América Latina, Colombia, Chile, Perú, Argentina, etc., África y
países de parte de Asia. Estos últimos con menor poder real, pero con enormes
intereses en juego.
El punto central de su
intervención: “el orden internacional basado en reglas”. El señor Carney afirmó
en tono provocador que, el sistema que prevaleció desde la Segunda Guerra
Mundial, basado en reglas multilaterales, instituciones como la OMS (La organización
mundial de la salud), la OMC (Organización mundial de comercio), la ONU
(organización de naciones Unidas), están colapsando. No simplemente
transformándose: señalo que vivimos una
“ruptura” en el orden mundial caracterizada por una competencia abierta entre
grandes potencias en vez de cooperación regulada. Su intervención la hizo con
la intención de “convocar” a lo que llamó las “potencias intermedias”, como
Canadá, a actuar colectivamente para proteger sus intereses y valores frente a
los grandes estados que, según él, ya no respetan límites ni reglas. Su
mensaje es clave: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Los invito, a
dejar de confiar en acuerdos bilaterales con grandes potencias que solo
refuerzan la dependencia y la subordinación. Sin nombrar al presidente Trump ni
a los Estados Unidos, el señor Carney criticó lo que él llama el uso
coercitivo de la economía (aranceles, cadenas de suministro, finanzas como
herramientas geopolíticas), por parte de grandes poderes para imponer su voluntad,
manifestación que fue interpretada como una respuesta a las tensiones entre su
país, la U.E. y EE.UU. sobre la disputa sobre Groenlandia y amenazas de aranceles.
Carney propuso una estrategia
pragmática basada en valores, mediante coaliciones flexibles entre países que
comparten principios y objetivos, en construir nuevas formas de cooperación. Su
discurso en Davos fue una declaración estratégica sobre la realidad global. Las
grandes potencias compiten abiertamente y las medianas deben unirse, fortalecer
su autonomía estratégica y forjar nuevas formas de cooperación.
¿Y para los países “tercer
mundistas”? Aquí está la clave. Davos no es neutral: Los países ricos llegan
con poder, mientras los países pobres llegan con necesidades. Por eso Davos puede ser una oportunidad si
hay estrategia, o una trampa, si solo se va a repetir discursos ajenos. La
semana entrante explicaremos qué debería ir a decir Colombia a Davos si actuara
como un país soberano y serio. Julio Bahamon.



No hay comentarios:
Publicar un comentario