Uribe les dio confianza política, personal y estratégica durante más de una década.
Después de conocer la
carta suscrita por el esposo de la senadora y excandidata presidencial María
Fernanda Cabal, uno se pregunta: los favores que ellos recibieron de parte de
Álvaro Uribe, y los honores que les dispenso por muchos años el partido Centro
Democrático, ¿lo merecían? ¿Y, a vuelta de los favores recibidos, Uribe merecía
la ingratitud? ¿Esa fue la manera ética de obrar, sin antes haber conversado
directamente con el jefe de partido?
En política los tiempos
casi nunca son ingenuos. El, hecho de que las supuestas irregularidades se
denuncien meses después de haberse producido la escogencia de la candidata
presidencial del Centro Democrático, y no inmediatamente, sugiere más una
estrategia para hacer el daño, que un reclamo genuino de transparencia interna
del partido.
¿Por qué esperaron los
esposos Lafaurie-Cabal para publicar su queja y descontento cuando ya la
candidatura estuvo consolidada? ¿Cuándo el partido enfrenta retos externos?
¿Cuándo La propia Cabal quedó políticamente marginada del proceso? ¿Luego de
haber aceptado el resultado?
Todo lo anterior hace
pensar que el objetivo no es corregir, un procedimiento, sino marcar distancia
y, ¿eventualmente justificar una ruptura para exigir una escisión interna?
¿Romper el partido, hacer añicos la colectividad?
¿Por qué no denunciaron en
su momento? Lo lógico habría sido denunciarlas inmediatamente que las conocieron,
después de haberse surtido el proceso interno. O, acudir a instancias del
partido, ¿al Consejo Nacional Electoral, o a la Comisión de Ética del partido?
El silencio prolongado debilita la credibilidad del reclamo y refuerza la idea
de que la denuncia corresponde más a un resultado adverso que a una convicción
ética.
¿Por qué la carta la firma
José Félix Lafaurie, y no María Fernada Cabal? Con ello, busca despersonalizar
la derrota política directa de María Fernanda Cabal, ¿evitando que ella quede
como “mala perdedora?”. La intención es presentar el conflicto como un asunto
“institucional” o “de principios”, no como una inconformidad personal.
¿La que podríamos llamar
“carta bomba”, va dirigida a hacerle daño al liderazgo de Álvaro Uribe?
Uribe les dio confianza política, personal y
estratégica durante más de una década. Respaldo a Cabal y la proyecto como
figura nacional. Deposito en Lafaurie
una representación extremadamente sensible: la mesa de diálogo con el ELN. Que
hoy ese círculo cercano cuestione públicamente la legitimidad de una decisión,
no solo erosiona la institucionalidad del Centro Democrático, también golpea la
autoridad moral y política de su jefe histórico.
Así paga el diablo a quien bien la sirve.



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