¿La institucionalidad calla?
El país asistió ayer a un hecho inadmisible y
reprochable.: El presidente Gustavo Petro, alicorado y adicto, cruzó una línea
sagrada al proferir afirmaciones ofensivas contra la persona de Jesús, centro
espiritual de la fe católica y referente moral de millones de seguidores del
hijo de Dios y Maestro.
Fue una afrenta deliberada lanzada desde la más alta
magistratura del Estado.
Rechazamos con indignación estas expresiones que ultrajan
la fe, hieren la conciencia colectiva y destruyen la tolerancia.
Gustavo Petro es un bellaco que no gobierna solo para una
ideología, ni se le ha dado patente de corso para burlarse impunemente de los
símbolos de nuestra identidad espiritual. Petro juró respetar la Constitución
y, por lo tanto, está obligado a proteger, no a pisotear, la libertad religiosa
y de cultos.
Más grave, frente a semejante insulto, el silencio cómplice de la institucionalidad. Exigimos del Procurador General de la Nación, que deje de mirar hacia otro lado y cumpla su deber: un severo llamado de atención al primer mandatario por vulnerar la libertad religiosa y atentar contra la fe de millones de católicos.
Gustavo Petro ha blasfemado y con su injuria degrada a
Colombia; mientras los órganos de control guardan silencio, la democracia se
resquebraja.
Señor presidente: Los colombianos no aceptamos que
nuestra fe sea usada como blanco de burla ideológica.



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