"Hago un llamado a los colombianos: llego la hora de obedecer a intereses superiores a los de la política".
Por Julio Bahamon
¿La Unidad incomoda? ¿A Quiénes? La unidad incomoda porque obliga a renunciar.
La unidad incomoda porque revela una verdad que muchos se niegan a aceptar: No todos están hechos para liderar. En el Huila cuando veíamos muchos “jefes” en las disputas, era común escuchar a los electores decir que “había muchos caciques y pocos indios”. No todos tenían posibilidad real, no todos pueden ganar. Algunos solo necesitan figurar.
Recientemente en alguna población del departamento de Sucre, escuchamos una voz autorizada de un importante sector político, en expresiones que conoció el público, mostrando su preocupación por la dispersión, la falta de eficacia electoral y el riesgo de insistir en candidaturas sin capacidad real de victoria. No se trató de una filtración malintencionada: fue una advertencia nacida de la experiencia. A todo buen entendedor, pocas palabras.
La derecha y el centro colombiano padecen una patología conocida; confunden fragmentación con pluralismo y vanidad. Se multiplican candidaturas como si el adversario no existiera, como si la izquierda no llegara organizada, disciplinada y estratégicamente cohesionada. El centro y la derecha se autoengañan de forma irresponsable. La aritmética electoral no tiene ideología ni paciencia. Cuando el Centro- Derecha se divide, no compite: se inmola políticamente. Y aun así, insiste en el suicidio colectivo.
Ejemplos abundan: en Colombia, en 2022, la dispersión de fuerzas allano el camino a un proyecto que hoy gobierna con crisis de seguridad, deterioró institucional y desconfianza económica. En España la división de la derecha le ha facilitado al PSOE (partido socialista obrero español) gobernar por muchos años en alianza con fuerzas separatistas antisistema. ¿A qué costo? ¡Inimaginable!
En todos los casos, el patrón fue el mismo: Egos primero, país después.
Unirnos alrededor de un liderazgo competitivo, Abelardo De la Espriella, no es perfecto, pero viable y necesario, es tener sentido de realidad y responsabilidad.
Colombia no está para luchas internas y eternas, ni para experimentos narcisistas, Está para decisiones duras y la más dura de todas es; renunciar a una ambición personal para no cargar con la culpa de una derrota colectiva.
La historia será implacable con los divididos: no los recordará como guardianes de principios, sino como facilitadores del desastre.
Hago un llamado a los colombianos: llego la hora de obedecer a intereses superiores a los de la política. Acuñamos la frase del general Benjamín Herrera pronunciada en Ibagué en 1922: “La patria por encima de los partidos”. Abelardo de La Espriella presidente en primera vuelta.



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