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jueves, 15 de enero de 2026

PARAPETO. - COLOMBIA DE RODILLAS, MIENTRAS LOS CRIMINALES DISPARAN.

Por Julio Bahamon

 

La Procuraduría General de la Nación hizo un pronunciamiento frente al atentado ocurrido en Neiva el pasado 13 de enero contra el director y el subdirector de la cárcel de Rivera, en un acto de solidaridad formal que cumple con el deber de la institucionalidad. La solidaridad de todo el Huila expresada con el funcionario, víctima de la perdida atroz de su hijo menor de apenas 11 años, es un imperativo moral con las familias, pero nos preocupa que, en el país, en los últimos años, hemos vivido en continuas manifestaciones de solidaridad ante los brutales crímenes que se cometen a diario, en el entendido de qué solidaridad sin autoridad es una forma de complicidad pasiva.

 

Los colombianos no necesitamos más comunicados, ni consejos de seguridad que lo único que avalan es el avance de los criminales ante un gobierno inerme que se limita a lamentar, cuando sus funcionarios son cazados, y ahora, cuando el brazo armado de los sediciosos se ha extendido a sus hijos. Lo presentimos desde hace varios años y lo que vemos, es la consecuencia directa de un Estado que renuncio a ejercer el monopolio legítimo de la fuerza, y opto, por contemporizar con el crimen organizado.

 

La historia se ha demorado en juzgar con severidad al actual gobierno que decidió sentar en su mesa y llevar como teloneros a las bandas criminales en negociaciones en tarimas públicas como ocurrió en la plazoleta de La Alpujarra en Medellín, otorgándoles estatus político y legitimidad social. Gustavo Petro con ese inaudito caso les envió un mensaje a los terroristas, de rendición del Estado.  Desde entonces, los delincuentes entendieron que podían matar, extorsionar y aterrorizar sin tener que enfrentar una respuesta superior en fuerza: la del Estado.

 

Hoy el precio de esa política lo está pagando los más indefensos. No solo caen los funcionarios que cumplen con su deber, también asesinan policías y soldados desarmados, sino que el terror ha cruzado una línea inadmisible: asesinar a menores de edad como forma de retaliación. Cuando el crimen llega a ese nivel de sevicia, cualquier debilidad del Estado se convierte en estímulo.

 

Las recompensas no reemplazan la autoridad. Debería darles pena a los funcionarios de alto nivel que salen a ofrecerlas, cuando su obligación es actuar preventivamente, con inteligencia y decisión, máxime, cuando en este caso, el recién nombrado director de la cárcel de Neiva ya había sido objeto de otro atentado, afortunadamente sin consecuencias letales. El ciudadano común exige que las autoridades ordenen a la policía nacional y al ejército que actúen con todo el peso de la ley, de manera sostenida, coordinada y sin interferencias políticas para recuperar la seguridad, el control territorial que hemos perdido. Proteger la vida es la razón de ser del Estado.

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