Por Julio Bahamon
El Dr. Germán Vargas Lleras, ex vicepresidente de la
república en su columna habitual de los domingos que publica en el diario El
Tiempo, nos hace una advertencia, la podemos considerar una señal de alarma
histórica del inminente riesgo que está viviendo Colombia, de que el gobierno
de Gustavo Petro intentara forzar una Asamblea Nacional Constituyente por
decreto. Se trata de una maniobra que rompería de manera frontal el orden
constitucional de 1991 y que abriría una puerta a un proceso de concentración de
poder sin retorno.
Así comenzó el desmantelamiento institucional en
Venezuela en 1999, cuando Chávez se inventó una constituyente “refundacional”
que presento a los venezolanos como una solución a todos los males y termino
convirtiéndose en un instrumento para destruir la separación de podres, someter
la justicia y perpetuar un proyecto autoritario.
Ninguna dictadura nace de un día para otro; todas
comienzan debilitando las reglas.
Por eso es tan importante atender el llamado del Dr.
Vargas Lleras a la reacción ciudadana, y tan acertado su énfasis en las
elecciones del 8 de marzo. Ese día, no será una jornada electoral más: será un
plebiscito entre la defensa de la institucionalidad o la entrega, ante su
demolición. Allí sabremos quienes están del lado de la Constitución y quienes,
por cálculo político o cobardía, mirarán para otro lado.
En ese contexto debemos hacer una invitación clara, sin
ambages, a los millones de colombianos que aún creemos en la República, y de
manera especial a los Defensores de la Patria, seguidores de Abelardo De la
Espriella, para que respaldemos decididamente sus listas al Congreso de
Colombia, y para que los demás partidos democráticos hagan lo propio con sus
listas al Congreso. Debemos cerrarle el paso al autoritarismo desde el legislativo.
El próximo presidente de Colombia necesita de un Congreso
mayoritario para salvar a Colombia. Requiere de un poder legislativo
mayoritario que actúe como dique de contención frente a los abusos del poder.
Abelardo de la Espriella, como candidato y próximo
presidente de Colombia, necesitara un Congreso fuerte, sin complejos, dispuesto
a defender la Constitución de 1991 y a desmontar cualquier intento de
reescribirla para acomodarla a un proyecto ideológico de inspiración Chavista,
que ya fracaso donde se aplicó.
Tenemos claro que el 8 de marzo no se eligen solo unos
congresistas. Se decide si seguimos siendo una República o si comenzamos a
dejar de serlo.



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