Los partidos del
Centro-Derecha en Colombia están siendo intimidados por estructuras ilegales
pertenecientes a grupos armados de las disidencias de las Farc y del EL, con el
beneplácito del gobierno. Es una
realidad que se viene manifestando en hechos concretos y verificables conocidos
por la ciudadanía.
Hace pocos días el país fue
testigo, de una manifestación en la costa norte en la que hombres armados,
utilizando prendas y uniformes militares, con fusiles al hombro, se movilizaban
en vehículos particulares e incluso oficiales, para aterrorizar a la población.
Lo anterior se suma a audios en poder de lideres políticos y comunitarios,
donde jefes de frentes ilegales de “alias Calarcá”, los grupos, Ismael Ruiz, Hernando González Acosta,
Rodrigo Cadete, Iván Diaz y Dario Gutiérrez han copado regiones en el
nororiente y sur occidente del departamento del Huila, donde jefes de esas
organizaciones dan instrucciones y órdenes directas a comunidades campesinas de
la región para que asistan obligadamente y con nombre propio, a concentraciones
políticas del candidato de Gustavo Petro. Eso lo saben en la Novena Brigada y
en los batallones, y nada ocurre ni hay medidas para combatirlos, y menos para
garantizar los derechos de los ciudadanos.
Esta intimidación armada, desde
luego, ha producido un efecto perverso: la dirigencia de la derecha y sus
candidatos se han tenido que replegar a recintos cerrados, mientras el
candidato del Petro- comunismo- Estalinista, Cepeda Castro, de brazo de su jefe
de debate Gustavo Petro, se pasea solo por las plazas públicas del país, sin
restricción alguna, con las garantías que ofrece la democracia, pero que los
bandoleros y el gobierno nos las niegan. La obligación de las fuerzas armadas
es otorgar garantías de seguridad a la oposición, no acobardarse ni enviar
mensajes de incapacidad. Con todo y eso,
el candidato del irreverente presidente Petro, Iván Cepeda, se presentó en el
parque Santander de Neiva, el miércoles anterior, a presidir una manifestación
bastante escuálida y sosa.
Pienso que ha llegado la hora
de salir del encierro, para recuperar el espacio público; las plazas de
Colombia no pueden seguir secuestradas por el miedo, ni por las armas. Los
demócratas estamos obligados a ponerle “calzones” al miedo, actuar con coraje,
entender que ceder ante las intimidaciones es abrirle espacio al autoritarismo.
Por consiguiente, defender la
democracia y demostrar que no estamos aculillados es el camino.
¡Nada de nervios! El próximo
martes 3 de febrero nos visitará el candidato y virtual presidente de Colombia
el Dr. Abelardo de la Espriella, a quien todos acompañaremos en el lugar que
nos corresponda, sin ceder espacios a los violentos. Estamos a las puertas de
la victoria, y no vamos a escondernos mientras los violentos creen que con las
armas podrán derrotarnos. Si nos arrodillamos ante el miedo, dejaremos de ser
libres.



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