La renuncia de la senadora María Fernanda Cabal y de su esposo, el
dirigente ganadero José Félix Lafaurie,
al partido Centro Democrático
representa un fuerte sacudón en la coalición conservadora, en un momento clave
de la carrera presidencial rumbo a las elecciones de 2026.
Mediante una extensa carta dirigida a Gabriel Vallejo, director nacional del
partido, y divulgada por la periodista Darcy Quinn, Lafaurie expresó que tanto
él como Cabal respetarán los acuerdos internos y respaldarán la candidatura
presidencial de Paloma Valencia,
pero dejaron claro que “no queremos continuar en el Centro Democrático” y que
ya no se sienten con espacio dentro de la colectividad.
La misiva pone de relieve profundas
diferencias sobre el mecanismo utilizado para la selección de Valencia como
candidata única. Según Lafaurie, el proceso careció de “comités de garantías
electorales, reglas claras, mecanismos de impugnación o trazabilidad”, lo que,
a su juicio, constituyó una “violación grave al debido proceso partidista”.
Cabal, quien se consolidó como una de las
figuras más visibles y controvertidas del ala más dura del uribismo, ha
protagonizado numerosas tensiones internas en el partido. Su posición firme en
debates políticos y su férrea oposición al Gobierno nacional la convirtieron en
una voz influyente entre sectores ideológicos conservadores y críticos de la
actual dirigencia del Centro Democrático.
La salida de Cabal no solo marca el fin de una
etapa dentro de la estructura del partido fundado por el expresidente Álvaro
Uribe Vélez, sino que también podría desencadenar reacomodos internos y posibles fracturas en la base más
tradicional y crítica del electorado. Analistas consultados por medios
nacionales señalan que este giro pone en evidencia una crisis de cohesión que
podría debilitar la capacidad del Centro Democrático para consolidar una
propuesta unificada frente a una oposición en recomposición.
La dirección del Centro Democrático reaccionó
al anuncio. El mismo Gabriel Vallejo ha defendido el proceso de selección de la
candidatura, respaldado por una auditoría externa que, según él, confirmó la
transparencia de las encuestas internas que llevaron a la postulación de
Valencia. El informe concluyó que no se detectaron irregularidades
significativas que afectaran la validez del proceso.
Por su parte, la candidata Paloma Valencia ha
hecho un llamado público a Cabal para que reconsidere su decisión y permanezca
dentro del proyecto, subrayando la necesidad de unidad interna y lealtad
partidista en este crucial momento electoral.
Más allá de su salida, Lafaurie y Cabal han
propuesto que el partido autorice una escisión
formal que permita a la senadora conformar una nueva agrupación
política. Esta iniciativa, explican, se ajustaría a los estatutos del partido y
a la normativa vigente del Consejo Nacional Electoral.
Este escenario abre un nuevo capítulo en la
política colombiana de derecha. La eventual conformación de una fuerza política
liderada por Cabal podría atraer a sectores conservadores descontentos con el
rumbo actual del Centro Democrático, al tiempo que plantea preguntas sobre la
capacidad de esta colectividad para gestionar
diferencias internas y mantener su vigencia como alternativa electoral
competitiva.
Aunque ambos dirigentes reiteran su respaldo a
Valencia, la salida de Cabal podría tener impactos relevantes en las dinámicas
de votación y en la consolidación de apoyos dentro de la derecha colombiana,
especialmente si persisten las discrepancias sobre los mecanismos internos de
decisión y la representación de diversas corrientes ideológicas. Analistas
señalan que este tipo de episodios puede debilitar la percepción de unidad, en
un contexto nacional donde las encuestas apuntan a una izquierda en ascenso y a
una oposición fragmentada.


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