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viernes, 23 de enero de 2026

PARAPETO. - COLOMBIA DEBE VIVIR DESDE LA DIGNIDAD, NO DESDE LA DEPENDENCIA.

  

¿Qué debería decir Colombia en un foro económico como el de Davos, si fuera una nación soberana?

 

Por Julio Bahamon

 

Lo primero, que Colombia no es una nación humanitaria, sino un socio estratégico. Nuestro país es una república institucional, democrática con capacidad productiva; no es un Estado para experimentar ni es un problema para administrar. No somos un país fallido, somos actores estables en una región volátil. Nuestras instituciones van más allá de los gobiernos de turno.


En Colombia se protege la propiedad privada; todavía, se respetan los contratos, no cambiamos las reglas por ideologías. ¿Seremos capaces de sostenerlo? ¿Podemos invitar a los países amigos a invertir en Colombia sin miedo a arbitrariedades políticas?

 

Es evidente que, sin seguridad jurídica, cualquier discurso social es irrelevante para los países más ricos del planeta. Si nos comprometemos con políticas de transición energética, estamos en condiciones de decir, sí a la transición, no al desmantelamiento apresurado del sector, ni a sacrificar ingresos fiscales, empleo y estabilidad.

 

Colombia es una carta fuerte, como potencia alimentaria y biodiversidad: Agua, agricultura, biodiversidad, con capacidad de invertir en productividad.


En política exterior, Colombia debe ser clara en mantener relaciones con todos los países democráticos del mundo libre:  con los EEUU, Asia, Europa y América Latina, sin alineamientos y sin peleas innecesarias. Dialogamos con todos, no nos subordinamos a ninguno en particular.

 

Los errores de nuestro país en foros como el de Davos, es que generalmente nos presentamos como un país activista, no como un Estado Soberano, siempre con un tono acusatorio contra el “capital”, que tanto necesitamos, contra los “ricos” o despectivamente para hablar del “norte global”, lo que crea una desconfianza inmediata.

 

Frecuentemente, exageramos las crisis internas, presentando a nuestro país como un estado colapsado para mendigar ayudas. Su efecto es contrario: menos inversión, más estigmatización.

 

En el gobierno de Petro, desde su presidente, como por sus representantes, es común que confundan Davos con una tribuna ideológica, en un escenario para los aplausos domésticos.

 

Si Colombia actuara como un país soberano y serio, diríamos: “tenemos problemas, sí. Pero instituciones, recursos, reglas claras y vocación de socio confiable. No pedimos indulgencia: ofrecemos estabilidad, trabajo, oportunidades”.

 

Los países ricos no respetan a países mendigantes, respetan al país más coherente, estable y predecible. Esperemos que eso cambie, para bien, en el próximo gobierno demócrata que presidirá Abelardo de La Espriella.

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