¿Qué debería decir Colombia en un foro económico como el de Davos, si fuera una nación soberana?
Lo
primero, que Colombia no es una nación humanitaria, sino un socio estratégico.
Nuestro país es una república institucional, democrática con capacidad
productiva; no es un Estado para experimentar ni es un problema para
administrar. No somos un país fallido, somos actores estables en una región
volátil. Nuestras instituciones van más allá de los gobiernos de turno.
En
Colombia se protege la propiedad privada; todavía, se respetan los contratos,
no cambiamos las reglas por ideologías. ¿Seremos capaces de sostenerlo?
¿Podemos invitar a los países amigos a invertir en Colombia sin miedo a
arbitrariedades políticas?
Es
evidente que, sin seguridad jurídica, cualquier discurso social es irrelevante
para los países más ricos del planeta. Si nos comprometemos con políticas de
transición energética, estamos en condiciones de decir, sí a la transición, no
al desmantelamiento apresurado del sector, ni a sacrificar ingresos fiscales,
empleo y estabilidad.
Colombia
es una carta fuerte, como potencia alimentaria y biodiversidad: Agua,
agricultura, biodiversidad, con capacidad de invertir en productividad.
En
política exterior, Colombia debe ser clara en mantener relaciones con todos los
países democráticos del mundo libre: con
los EEUU, Asia, Europa y América Latina, sin alineamientos y sin peleas
innecesarias. Dialogamos con todos, no nos subordinamos a ninguno en
particular.
Los
errores de nuestro país en foros como el de Davos, es que generalmente nos
presentamos como un país activista, no como un Estado Soberano, siempre con un
tono acusatorio contra el “capital”, que tanto necesitamos, contra los “ricos”
o despectivamente para hablar del “norte global”, lo que crea una desconfianza
inmediata.
Frecuentemente,
exageramos las crisis internas, presentando a nuestro país como un estado
colapsado para mendigar ayudas. Su efecto es contrario: menos inversión, más
estigmatización.
En
el gobierno de Petro, desde su presidente, como por sus representantes, es
común que confundan Davos con una tribuna ideológica, en un escenario para los
aplausos domésticos.
Si
Colombia actuara como un país soberano y serio, diríamos: “tenemos problemas,
sí. Pero instituciones, recursos, reglas claras y vocación de socio confiable.
No pedimos indulgencia: ofrecemos estabilidad, trabajo, oportunidades”.
Los países ricos no respetan a países mendigantes, respetan al país más coherente, estable y predecible. Esperemos que eso cambie, para bien, en el próximo gobierno demócrata que presidirá Abelardo de La Espriella.



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