Mañana 11 de agosto, Rodrigo Lara Bonilla cumpliría 80 años. El, fue uno de esos hombres que, por la grandeza de sus principios, por la firmeza de sus convicciones y por el sacrificio que hizo por Colombia, permanecerá para siempre en la memoria de la Nación.
Por: Julio Bahamon
Nació
en Neiva, tuve el privilegio de ser su amigo desde los primeros años de
nuestras vidas, y de acompañarlo con lealtad hasta su muerte. Formado como
abogado en la Universidad Externado de Colombia, fue desde muy joven un hombre
de ideas, de palabra y de acción. Su vida pública estuvo marcada por una
convicción que nunca abandono: la política debía ser un instrumento para servir
a la sociedad y no un camino para servirse de ella. Fue muy joven alcalde de
Neiva, concejal y diputado, representante a la Cámara en 1974 y senador de la
república en 1978 y 1982. Fue además catedrático en las universidades Externado
de Colombia y Javeriana. Fundador del movimiento Dignidad Liberal en el Huila,
y uno de los hombres que con Luis Carlos Galan fundaron el Nuevo Liberalismo.
Rodrigo
Lara Bonilla fue, ante todo un hombre de carácter. Y ese carácter alcanzo su
máxima expresión cuando desde el Ministerio de Justicia, decidió enfrentar de
frente al narcotráfico y a quienes pretendían convertir el dinero de la droga
en poder político, económico e institucional. No negocio sus principios. No
vendió su conciencia. No pidió permiso para defender la democracia. Por eso lo
asesinaron. El 30 de abril de 1.984, con apenas 38 años, las balas del
narcotráfico pretendieron acallar su voz. El cartel de Medellin, bajo el poder
criminal de Pablo Escobar Gaviria, segó su vida. Creyeron que con ese bárbaro asesinato podían
matar sus ideas. Se equivocaron. Rodrigo Lara Bonilla se convirtió desde
entonces en un símbolo de la lucha de Colombia contra el narcotráfico y contra
la corrupción.
Rodrigo
además fue un excelso orador, un estudioso del Derecho, un maestro, un
dirigente liberal y un constructor de democracia. En el Huila, donde nació, su
legado tiene una significación todavía mayor. Aquí comenzó su vocación de
servicio. Aquí comenzó su carrera pública. Aquí fundo Dignidad Liberal. Aquí
dejo su huella política que trascendió los partidos y las coyunturas
electorales. Honrar a Lara Bonilla significa defender aquello por lo que murió.
Rechazar la corrupción, venga de donde venga.
Su
ejemplo nos recuerda que la democracia necesita hombres y mujeres capaces de
decir NO cuando decir si resulta más cómodo. Rodrigo Lara Bonilla no murió en
vano. Su sangre quedo sembrada en la historia de Colombia. Su palabra
permanece, su ejemplo permanece, su lucha nos motiva.
Mañana
no podremos felicitarlo por su cumpleaños, pero si podemos agradecerle por
haber vivido como vivió, por haber luchado como lucho y por haber muerto
defendiendo a Colombia.
Honor
y Gloria eterna a Rodrigo Lara Bonilla.
Héroe de Colombia.



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