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martes, 25 de agosto de 2026

GOBIERNO ORDENA OPERATIVOS Y DEPORTACIONES DE EXTRANJEROS EN SITUACIÓN IRREGULAR.

El Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella anunció un endurecimiento de la política migratoria colombiana, con operativos para identificar a extranjeros en situación irregular y priorizar la deportación de quienes estén vinculados con actividades delictivas. 


La nueva orientación migratoria abrió un debate nacional entre quienes consideran necesario reforzar el control de las fronteras y la seguridad, y sectores que advierten sobre el riesgo de estigmatizar a la población migrante. El desafío será encontrar un equilibrio entre la autoridad del Estado, la seguridad ciudadana y el respeto por los derechos fundamentales.

 

Por: Redacción Actualidad

 

Colombia comenzó a transitar hacia una política migratoria más estricta. El presidente Abelardo de la Espriella ordenó iniciar operativos coordinados entre las autoridades migratorias y la Policía para identificar a extranjeros que permanezcan en el país sin la documentación requerida y avanzar en procesos de deportación.

 

La instrucción contempla dar prioridad a los extranjeros relacionados con actividades criminales, antes de ampliar las acciones hacia quienes se encuentren en situación migratoria irregular. El anuncio fue presentado por el Gobierno como una decisión orientada a fortalecer la seguridad y recuperar el control sobre los flujos migratorios.


La medida marca un cambio importante frente a la política desarrollada durante los últimos años, especialmente en relación con la población venezolana.

 

Durante la última década, Colombia se convirtió en uno de los principales países receptores de población venezolana. El Estado respondió inicialmente mediante mecanismos de regularización e integración, entre ellos el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos.


De acuerdo con cifras de Migración Colombia divulgadas en julio de 2026, se habían entregado más de 2,32 millones de Permisos por Protección Temporal, de los cuales cerca de 1,45 millones fueron expedidos desde agosto de 2022. La entidad también reportó programas de integración relacionados con salud, educación, bancarización, emprendimiento y acceso a oportunidades laborales.


El nuevo Gobierno plantea ahora una orientación diferente, con mayor énfasis en el control, la identificación de personas en condición irregular y la deportación de quienes incumplan las normas migratorias o estén vinculados con delitos.


Según reportes publicados este 24 y 25 de agosto, Colombia alberga alrededor de 2,8 millones de migrantes venezolanos, mientras que cerca de 848.000 se encontrarían sin documentación migratoria regular. Las cifras y los alcances de los operativos han generado preocupación entre organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes.


Uno de los principales puntos de discusión está precisamente en evitar que la migración irregular sea presentada automáticamente como sinónimo de criminalidad. Expertos y organizaciones han advertido que una persona puede encontrarse en situación migratoria irregular sin estar involucrada en actividades delictivas.

 

Al mismo tiempo, el Gobierno sostiene que el Estado tiene la facultad de controlar sus fronteras y determinar las condiciones de ingreso, permanencia y salida de extranjeros.


En Colombia, la política migratoria está sustentada, entre otras normas, en la Ley 2136 de 2021, que establece los principios y lineamientos de la Política Integral Migratoria. Esta legislación contempla aspectos como soberanía y seguridad nacional, derechos humanos, cooperación internacional, gobernanza, participación ciudadana e integración social, económica y cultural.

 

El cambio anunciado también contrasta con el proceso que había adelantado el anterior Gobierno para construir una política migratoria de largo plazo. En julio de 2026, la Cancillería presentó los Lineamientos Estratégicos de Gobernanza Migratoria 2026–2036, elaborados mediante la participación de organizaciones sociales, migrantes, colombianos en el exterior, población retornada, organismos internacionales y academia.

 

Ese proceso buscaba consolidar una política que entendiera la movilidad humana desde una perspectiva integral, con énfasis en derechos humanos, cooperación y participación social.

 

Por eso, el nuevo enfoque plantea interrogantes sobre la continuidad de algunos mecanismos de regularización y sobre la manera en que se aplicarán los controles en ciudades fronterizas y territorios con alta presencia de población migrante.


El reto para las autoridades será garantizar que los procedimientos de identificación, detención administrativa, deportación y expulsión se desarrollen dentro del marco constitucional y legal, respetando las garantías correspondientes a cada caso.

 

La nueva política migratoria colombiana abre una etapa de mayor control y endurecimiento frente a la migración irregular. El Gobierno argumenta que se trata de una medida necesaria para proteger la seguridad nacional y combatir el crimen; sus críticos, en cambio, advierten que la estrategia debe evitar la estigmatización de quienes han llegado al país buscando protección o mejores condiciones de vida.

 

Colombia enfrenta así un desafío complejo: ejercer su legítimo derecho a controlar las fronteras y hacer cumplir sus leyes, pero sin confundir irregularidad migratoria con criminalidad ni desconocer los derechos fundamentales.

 

El verdadero resultado de esta nueva política dependerá no solamente del número de deportaciones, sino de la capacidad del Estado para combinar seguridad, control migratorio, debido proceso, cooperación internacional e integración, especialmente en las regiones fronterizas donde la migración forma parte de la realidad social y económica cotidiana.

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