Ayer en horas de la mañana escuché la alocución del presidente de la República, Abelardo de la Espriella, en la que rindió un informe muy detallado de lo que su gobierno ha encontrado como hallazgos fiscales en las distintas dependencias del Estado, en materia de corrupción y robos descarados al erario público y, me acorde de mi amigo Cándido a quien llame para que me diera su opinión: Candido, amigo, ¿escucho Ud. lo del libro de la verdad que le entrego el gobierno a la Fiscalía? Claro que sí, Dr. Bahamon. Y le digo una cosa: me parece bien que se investigue. Pero por mi cabeza ronda una pregunta: ¿por qué ese ejemplo no lo seguimos también en los departamentos? Acuérdese Ud. Dr. Julio que el mal ejemplo cunde y en muchos departamentos la corrupción hizo metástasis y permeo completamente a la administración pública.
El Huila no fue ajeno a esa pandemia dañina. ¿A qué se
refiere Cándido? A algo muy sencillo. Si el gobierno nacional encontró, según
el señor vicepresidente José Manuel Restrepo, quien lidero la investigación, 82
casos que considera importante como para ponerlos en conocimiento de la
Fiscalía, la Procuraduría, y la Contraloría, ¿por qué no hacemos lo mismo en el
Huila?, ¿y en todos los departamentos del país? ¿Ud. apreciado amigo propone un
Libro de la Verdad para cada región? ¡Exactamente Ingeniero Julio! En el caso
del nuestro, los huilenses necesitamos saber que paso con la plata pública.
Eso es cierto Don Cándido. Mire Ud. las vías inconclusas del circuito turístico de San Agustín. El primero que hablo de ellas fue el exgobernador Héctor Polania Sánchez, entre 1972, 1973 y 1974, “el hermano Pola”, un excelente visionario del Huila, y muchos de sus sucesores engrosaron, no las calzadas ni el espesor del pavimento, sino sus bolsillos. La mayoría de esas carreteras están sin terminar y, en otras, los gobernadores han repetido licitaciones con el mismo objeto mientras las obras acumulan millones de pesos en los contratos, pero no avanzan los kilómetros pavimentados. vgr, Cruce de Saladoblanco a Oporapa. Y, así muchas otras. ¿Cuántos colegios se contrataron para que nuestros niños estudiaran en instalaciones dignas y terminaron atrapados en el carrusel de la felicidad? ¿Cuántos hospitales, centros de salud, acueductos, plantas de tratamiento de aguas residuales, siguen esperando que alguien explique por qué no se terminaron? Amigo Candido, lo que no podemos hacer es mirar para otro lado. Si a mí me corresponde ser el nuevo gobernador del Huila, créame amigo Cándido, que cuando tome posesión del cargo el 1 de enero de 2028, liderare un inventario público de las obras inconclusas y comenzare por el Distrito de Riego Tesalia-Paicol: esa obra se contrató inicialmente por $ 78.652 millones de pesos en 2009.
Hubo un segundo contrato por valor de $81.553
millones de pesos, más otras adiciones y convenios sucesivos la inversión
histórica acumulada es de $ 193.990 millones de pesos, calculándose un faltante
de aproximadamente en $ 186.000 millones y más de $215.000 millones más para
lograr su terminación. En resumen: Una obra contratada por $78.652 millones,
terminara costando $561.205 millones de pesos. ¡Que vagabundería por Dios! Esa
obra es un ejemplo de desidia oficial, de un atraco, no solo al departamento y
a la nación, sino un robo descarado al pueblo del Huila, porque le ha robado
oportunidades. Averiguaremos en ese contrato, querido Candido, y en todos los
demás: ¿Quién lo contrato?, ¿cuánto costo?, ¿cuánto se ha pagado? ¿Que se ha
construido? ¿Y, quien responde por la plata? ¡El que la haga la paga!
Escribiremos, no lo dude apreciado Candido, como escarmiento, el libro de la
verdad del Huila.



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