Por: Julio Bahamon
En este país cansado de la
violencia, de los grupos criminales y de la impunidad, hablar de seguridad no
es una opción: es una obligación moral y política. Allí precisamente se
encuentran las mayores diferencias entre el candidato Abelardo de la Espriella,
Paloma Valencia e Iván Cepeda.
Cepeda, luego de ser señalado
de esquivar el debate, termino retando públicamente a Paloma y a Abelardo a
debatir sobre “propuestas de fondo”, y los dos aceptaron el desafío. Sin
embargo, Cepeda condiciono su participación a reglas propias sobre moderadores,
temario y formato, lo que despertó suspicacias sobre si buscaba de verdad un
debate o un escenario controlado.
Pero cuando se habla de
seguridad, el pais exige respuestas claras y sin cortapisas: ¿qué hacer con las
disidencias? ¿Como enfrentar al ELN? ¿Habrá nuevas mesas interminables de paz?
¿Se defenderá a la Fuerza Pública o seguirá debilitándola? En ese tema,
Abelardo ha sido contundente en una visión de autoridad, recuperación y
fortalecimiento del Estado frente al crimen.
El Dr Abelardo representa la
tesis de la mano dura sin complejos: restaurar el orden, fortalecer la Fuerza
Pública, combatir sin ambigüedades a los grupos criminales y acabar con el
juego complaciente frente al terrorismo. Su discurso conecta con una ciudadanía
agotada de la complacencia oficial para los violentos y del abandono a las
víctimas.
Iván Cepeda, en cambio, carga
una pesada sombra política, su cercanía ideológica y grafica con sectores que
históricamente ejercieron con maldad y sevicia la violencia insurgente.
Aunque hoy funge como
demócrata dialogante, muchos seguimos preguntándonos si realmente estaría
dispuesto a enfrentar con decisión a quienes fueron sus compinches y aliados
políticos o sus interlocutores privilegiados.
Ese, señor Cepeda, será el
verdadero debate presidencial y Ud. tendrá que responder. No quien lee entre
líneas y no mira a los ojos. Ahí veremos quién tiene la autoridad moral y
política para defender a Colombia. Si Ud. quiere el favor popular debe
responder sin evasivas sobre las Farc, sobre la permisividad frente a los
violentos y sobre el fracaso evidente de la mal llamada “paz total”.
Y si Ud. duda o elude hablar
de seguridad, el país tiene derecho a preguntar de que, o de quien, se esconde.


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