Foto: Enredijo ® Jonnathan Valencia
El 63º Festival Folclórico Laboyano y la crisis de su identidad visual.
Comunicador Social Comunitario
La fábula del afiche
promocional para el 63º Festival Folclórico Laboyano de este 2026 pasará a la
historia de Pitalito no por su brillantez gráfica, sino por la profunda
disonancia entre el discurso institucional y la práctica creativa. Lo que
comenzó con una declaratoria de convocatoria desierta, justificada en la
defensa a ultranza de nuestra autenticidad frente a la Inteligencia Artificial
y la “amnesia cultural”, ha culminado en la presentación de una pieza oficial
que, irónicamente, tropieza con los mismos obstáculos que criticó.
Bajo la lupa del diseño
gráfico profesional, resulta imperativo analizar este desenlace. La decisión
del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte (ICRD) de asumir “en casa” la
creación del afiche nos deja frente a un producto que exige una lectura crítica,
seria y desapasionada sobre cómo estamos comunicando nuestro acervo cultural.
La paradoja del jurado
El acta que descalificó las
tres propuestas independientes fue tajante, se castigó la dependencia
algorítmica y la ausencia de referentes vitales. Fue una postura valiente que
aplaudimos en su momento, pues sentaba un precedente sobre el respeto al trazo
humano. Sin embargo, al observar el afiche final entregado por el equipo de
diseño del ICRD, la coherencia brilla por su ausencia.
Nos encontramos ante lo que
técnicamente se denomina un “collage digital saturado”. La pieza oficial no es
un ejercicio de ilustración pura, sino una amalgama de recursos vectoriales,
elementos de stock y, de manera preocupante, trazos que evidencian el
uso no refinado de Inteligencia Artificial.
Las anomalías volumétricas en
los rostros de la pareja real, la rigidez sintética en los pliegues de la
indumentaria y las deficiencias anatómicas en las manos son síntomas
inequívocos de una generación algorítmica que no fue corregida por el ojo
crítico de un ilustrador humano. ¿Por qué perdonar a la institucionalidad los
mismos “atajos digitales” que se les condenaron a los artistas locales?
Jerarquía visual y el “todo
vale” patrimonial
El diseño gráfico no es
decoración; es comunicación estratégica. En su afán por enmendar la “amnesia
cultural” señalada en la primera convocatoria, el afiche oficial cayó en el
extremo del horror al vacío.
La parte inferior del cartel
se ha convertido en una vitrina desarticulada donde la bandeja laboyana, el
tamal, la guayaba y la orquídea compiten por el protagonismo sin una
integración orgánica. Esta “bandeja de elementos” rompe la unidad cromática y
la perspectiva de la composición. Asimismo, la inclusión de recursos que emulan
a los “Chirlobirlos”, terminan reducidos a simples adornos de clip-art,
vaciados de su verdadera carga histórica y emocional.
A esto se suma un tratamiento
tipográfico que retrocede dos décadas. El uso de degradados excesivos y sombras
paralelas en los textos de “63°” y “Laboyano” le resta la legibilidad,
elegancia y contemporaneidad que exige un evento que busca proyectarse a nivel
nacional e internacional.
Un reflejo preocupante de cara
a los retos del 2026
El afiche de unas festividades
de San Juan y San Pedro en el Valle de Laboyos debe ser el primer grito de
orgullo de nuestra tierra. Cumplir con una lista de chequeo, poner la chiva,
poner la comida, poner la torre de San Antonio, no garantiza la apropiación del
patrimonio; es la técnica, el color, la organicidad y el respeto por el oficio
lo que dota a una imagen de “alma”.
Este tropiezo gráfico ocurre
en un momento crucial para Pitalito. En septiembre de este mismo año, nuestro
municipio será la sede del XV Encuentro Nacional de Vigías del Patrimonio
Cultural. Estaremos bajo la mirada de todo el país como custodios de la memoria.
Resulta contradictorio que, mientras nos preparamos para ser el epicentro de la
defensa del patrimonio colombiano, la imagen de nuestra fiesta más
representativa sea un testimonio de facilismo digital y desconexión estética.
El 63º Festival Folclórico
Laboyano ya tiene un rostro oficial, pero carece de una mirada propia. Que este
episodio sirva para replantear cómo desde lo público se está valorando y
gestionando el diseño gráfico. Pitalito tiene un talento visual inmenso, pero
mientras la academia, los artistas y la institucionalidad no dialoguen bajo
criterios técnicos reales y coherentes, seguiremos siendo operadores de
software intentando, sin éxito, pixelar nuestra identidad.



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