Denuncias, videos y contacto para publicidad al WhatsApp 3195293166

viernes, 17 de abril de 2026

DESDE LA JUNTA: LA DEMOCRACIA QUE NACE EN EL BARRIO Y LAS VEREDAS.

 

"Mi historia en la Junta comenzó a los 16 años, pero su impacto sigue vigente. Me enseñó que el cambio es posible cuando la comunidad se organiza, que el liderazgo se construye con la gente y que la democracia no es un privilegio, sino un derecho que hay que defender todos los días".


Por Wilfred Trujillo diputado Asamblea del Huila. 

 

Hay experiencias que no solo marcan una etapa de la vida, sino que definen la forma en que uno entiende el país. Para mí, una de esas experiencias comenzó a los 16 años, cuando por primera vez decidí involucrarme en una Junta de Acción Comunal. No fue un acto heroico ni una decisión calculada. Fue, más bien, el resultado natural de crecer en un entorno donde los problemas no se resolvían solos y donde la comunidad era la única herramienta para transformar lo cotidiano.

 

A esa edad, mientras muchos aún están descubriendo su lugar en el mundo, yo encontré en la Junta un espacio donde la voz sí tenía valor. Allí entendí que la política no es lo que se ve en los grandes escenarios nacionales, sino lo que ocurre en una calle sin pavimentar, en una cancha abandonada o en un barrio sin acceso digno a servicios básicos. La Junta de Acción Comunal no es una institución más: es la primera escuela de democracia que tiene Colombia.

 

Recuerdo las reuniones largas, a veces desordenadas, pero siempre cargadas de sentido. Personas de todas las edades opinando, discutiendo, proponiendo. No había micrófonos ni cámaras, pero sí había algo más importante: voluntad. Fue ahí donde aprendí que liderar no es imponer, sino escuchar; que construir comunidad implica ceder, negociar y persistir; y que el desarrollo no se decreta desde un escritorio, sino que se construye desde el territorio.

 

Con el paso de los años, he visto cómo esos espacios han sido fundamentales para proyectar los territorios. Las Juntas han sido protagonistas silenciosas del desarrollo local: gestionan obras, impulsan proyectos, organizan a la comunidad y, sobre todo, mantienen viva la idea de que el progreso es una tarea colectiva. Donde el Estado no llega, muchas veces llega la Junta. Donde no hay recursos, aparece la creatividad comunitaria.

 

Sin embargo, también he sido testigo de cómo estos espacios han sido subestimados, debilitados e incluso instrumentalizados. Durante mucho tiempo, las Juntas han cargado con el peso de la desconfianza institucional, la falta de apoyo técnico y, en algunos casos, la presión de intereses políticos que buscan convertirlas en plataformas electorales y no en escenarios de participación ciudadana.

 

Hoy, el reto es aún más grande. Nos encontramos en un momento en el que la participación comunitaria enfrenta riesgos. Las elecciones de las Juntas de Acción Comunal, previstas para el próximo 26 de abril, no son un trámite menor ni un evento rutinario. Son una oportunidad para renovar liderazgos, fortalecer procesos y reafirmar el poder de la comunidad organizada. Pero también son un punto de tensión, donde se evidencian prácticas que buscan limitar la participación en lugar de promoverla.

 

Preocupa profundamente que existan barreras visibles e invisibles que desincentivan a las personas a participar. Desde la falta de información clara hasta obstáculos administrativos, pasando por dinámicas de exclusión que terminan cerrando el espacio a nuevas voces. Cuando se restringe la participación, no solo se afecta una elección: se debilita la democracia en su nivel más básico.

 

Porque hay que decirlo con claridad: impedir o limitar la participación en las Juntas de Acción Comunal es negar el derecho de las comunidades a decidir sobre su propio destino. Es cerrar la puerta a jóvenes que, como yo en su momento, quieren aportar, aprender y liderar. Es perpetuar estructuras que no necesariamente responden a las necesidades actuales de los territorios.

 

La democracia no puede ser selectiva. No puede depender de quién conviene que participe y quién no. Si algo aprendí desde los 16 años en la Junta es que cada voz cuenta, incluso y especialmente aquellas que incomodan. La diversidad de opiniones no es un problema: es la esencia misma de la construcción colectiva.

Hoy más que nunca necesitamos fortalecer estos espacios. No basta con reconocer su importancia en discursos; se requiere garantizar condiciones para que funcionen de manera transparente, incluyente y efectiva. Esto implica acompañamiento institucional, formación para los líderes, acceso a información y, sobre todo, respeto por la autonomía de las comunidades.

 

También implica un llamado a la ciudadanía. La participación no puede ser delegada. No podemos esperar que otros decidan por nosotros y luego cuestionar los resultados. Las elecciones del 26 de abril son una oportunidad para ejercer ese derecho, para involucrarse, para asumir un rol activo en la construcción del territorio.

 

A quienes hoy tienen 16 años o incluso menos les diría que no subestimen el poder de estos espacios. Que no esperen a tener un cargo o un título para empezar a transformar su entorno. La Junta de Acción Comunal puede ser el inicio de un camino de liderazgo, pero, más importante aún, es un espacio donde se aprende a ser ciudadano en el sentido más profundo de la palabra.

 

Y a quienes, desde distintas posiciones, tienen la responsabilidad de garantizar estas elecciones, el mensaje es claro: no se puede jugar con la participación comunitaria. Cada obstáculo que se impone, cada información que se oculta, cada decisión que excluye, es un retroceso para la democracia.

Colombia no se construye únicamente desde el Congreso, Asambleas Departamentales, concejos, ministerios o las grandes ciudades. Colombia se construye en los barrios, en las veredas, en las comunas. Se construye en espacios como las Juntas de Acción Comunal, donde la política deja de ser un concepto abstracto y se convierte en acción concreta.

 

Mi historia en la Junta comenzó a los 16 años, pero su impacto sigue vigente. Me enseñó que el cambio es posible cuando la comunidad se organiza, que el liderazgo se construye con la gente y que la democracia no es un privilegio, sino un derecho que hay que defender todos los días.

 

Por eso, hoy levanto la voz para que participemos el próximo 26 de abril. No podemos normalizar prácticas que excluyen, que silencian o que desmotivan. No podemos resignarnos a que los espacios comunitarios pierdan su esencia.

 

El futuro empieza en cada decisión que tomamos hoy.

 

“La democracia se construye participando: este 26 de abril es la oportunidad de que cada voz cuente en su comunidad.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Adbox