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martes, 2 de junio de 2026

PARAPETO. - CARTA ABIERTA A IVÁN CEPEDA CASTRO.

 

El Dr. Manuel Cepeda Vargas junto a su hijo Iván Cepeda Castro.


Me dirijo a Ud. movido por la preocupación que compartimos millones de colombianos que respaldamos el pasado 31 de mayo al Dr. Abelardo de la Espriella, e interpretando a sus seguidores, frente al momento político que atraviesa nuestra nación.

Por: Julio Bahamon.


Tuve la oportunidad de conocer a finales de la década del 70 a su padre, en el Senado de la República, el Dr. Manuel Cepeda Vargas. Guardo el recuerdo de un hombre culto, de trato amable, con quien era posible sostener conversaciones civilizadas aun en medio de profundas diferencias ideológicas. Esa experiencia me enseño que la democracia exige respeto por el contradictor y confianza en las instituciones.  Por esa razón observo con recelo los acontecimientos que han seguido a las elecciones presidenciales del pasado 31 de mayo. El presidente Gustavo Petro ha cuestionado públicamente los resultados electorales y ha planteado una supuesta existencia de irregularidades que, hasta donde conoce la opinión pública, no han sido demostradas. Es más, organismos de control como la Procuraduría General de La Nación ha hecho públicas sus pesquisas realizadas ante la Registraduría General y ha determinado que no existen indicios que permitan poner en tela de juicio la función ejemplar que cumplió esa entidad en el debate electoral. Los señalamientos del primer mandatario pueden contribuir a generar incertidumbre en un momento en el que el país necesita serenidad, confianza institucional y respeto por las reglas democráticas.


Permítame expresarle una reflexión personal. Tengo la impresión de que detrás de esta controversia política existen intereses y estrategias, al más alto nivel que transcienden su propia candidatura. De que, lo que busca el señor Gustavo Petro es conducir a Colombia a un enfrentamiento de muchísima gravedad, al punto de que se pueda direccionar desde el palacio de Nariño un segundo estallido social, con lo que el gobierno estaría obligado a decretar turbado el orden interno de la nación, que lo llevaría a dictar medidas de excepción e impedir la realización de la segunda vuelta electoral prevista para el día 21 de junio,  colocando al país al borde de una dictadura de extrema izquierda y a una guerra civil.


No lo conozco personalmente. Mi opinión sobre Ud. se ha formado a partir de su trayectoria publica, de su cercanía a grupos rebeldes de las Farc y del ELN, a sus cabecillas, y de sus permanentes confrontaciones con el expresidente Alvaro Uribe Velez, las que nunca he visto con simpatía por lo sinuosas que han sido sus acusaciones y su frágil defensa. Sin embargo, para millones de colombianos este es un momento que exige grandeza y sentido histórico. 


A Gustavo Petro no le interesa que Ud. sea su sucesor, como tampoco que el presidente sea Abelardo de la Espriella, como lo estamos viendo más de 10,7 millones de compatriotas. Petro   no tiene en mente ninguna de esas posibilidades: a Petro le llama la atención volver trizas al país y pretende gobernar autoritariamente desde la tragedia.

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