El Dr. Manuel Cepeda Vargas junto a su hijo Iván Cepeda Castro.
Me dirijo a Ud. movido por la preocupación que compartimos millones de colombianos que respaldamos el pasado 31 de mayo al Dr. Abelardo de la Espriella, e interpretando a sus seguidores, frente al momento político que atraviesa nuestra nación.
Por: Julio Bahamon.
Tuve la oportunidad de conocer a
finales de la década del 70 a su padre, en el Senado de la República, el Dr.
Manuel Cepeda Vargas. Guardo el recuerdo de un hombre culto, de trato amable,
con quien era posible sostener conversaciones civilizadas aun en medio de
profundas diferencias ideológicas. Esa experiencia me enseño que la democracia
exige respeto por el contradictor y confianza en las instituciones. Por esa razón observo con recelo los
acontecimientos que han seguido a las elecciones presidenciales del pasado 31
de mayo. El presidente Gustavo Petro ha cuestionado públicamente los resultados
electorales y ha planteado una supuesta existencia de irregularidades que,
hasta donde conoce la opinión pública, no han sido demostradas. Es más,
organismos de control como la Procuraduría General de La Nación ha hecho públicas
sus pesquisas realizadas ante la Registraduría General y ha determinado que no
existen indicios que permitan poner en tela de juicio la función ejemplar que
cumplió esa entidad en el debate electoral. Los señalamientos del primer
mandatario pueden contribuir a generar incertidumbre en un momento en el que el
país necesita serenidad, confianza institucional y respeto por las reglas
democráticas.
Permítame expresarle una
reflexión personal. Tengo la impresión de que detrás de esta controversia
política existen intereses y estrategias, al más alto nivel que transcienden su
propia candidatura. De que, lo que busca el señor Gustavo Petro es conducir a
Colombia a un enfrentamiento de muchísima gravedad, al punto de que se pueda
direccionar desde el palacio de Nariño un segundo estallido social, con lo que
el gobierno estaría obligado a decretar turbado el orden interno de la nación,
que lo llevaría a dictar medidas de excepción e impedir la realización de la
segunda vuelta electoral prevista para el día 21 de junio, colocando al país al borde de una dictadura
de extrema izquierda y a una guerra civil.
No lo conozco personalmente. Mi opinión sobre Ud. se ha formado a partir de su trayectoria publica, de su cercanía a grupos rebeldes de las Farc y del ELN, a sus cabecillas, y de sus permanentes confrontaciones con el expresidente Alvaro Uribe Velez, las que nunca he visto con simpatía por lo sinuosas que han sido sus acusaciones y su frágil defensa. Sin embargo, para millones de colombianos este es un momento que exige grandeza y sentido histórico.
A Gustavo Petro no le interesa que Ud. sea su sucesor, como tampoco que
el presidente sea Abelardo de la Espriella, como lo estamos viendo más de 10,7
millones de compatriotas. Petro no
tiene en mente ninguna de esas posibilidades: a Petro le llama la atención
volver trizas al país y pretende gobernar autoritariamente desde la tragedia.



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