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martes, 30 de junio de 2026

PARAPETO. - ¿AL FIN EN QUÉ QUEDAMOS, CEPEDA?

 

"Resulta difícil entender el reconocimiento inicial del triunfo democrático con un posterior desconocimiento de la autoridad del presidente electo".


Por: Julio Bahamon


Hace algunos días, excandidato Iván Cepeda, el de las FARC, reconocía públicamente el resultado de las urnas. Admitió que los colombianos habíamos elegido democráticamente a Abelardo de la Espriella como presidente de la Republica y anunciaba que esperaría la terminación de los escrutinios y las decisiones de las autoridades competentes antes de hacer su pronunciamiento. Y así lo hizo.


Es postura transmitió un mensaje de serenidad institucional. Pero ahora su discurso ha cambiado de manera radical.


Ahora el cachifo excandidato, anuncia que dejara de reconocer su autoridad mientras conserve la ciudadanía estadounidense y, además, es lo más grave, convoca a una “desobediencia civil “para oponerse a su posesión”.


Al fin en qué quedamos cabrón. ¿Qué hecho nuevo ocurrió para desconocer lo que reconoció hace unos días? La doble nacionalidad no era un secreto que se descubrió después de las elecciones. Esa situación la conocimos los 53 millones de colombianos antes del 21 de junio y casi 13 millones lo respaldamos y lo elegimos como nuestro presidente. Las autoridades competentes dilucidaron en su momento el caso.


Resulta difícil entender el reconocimiento inicial del triunfo democrático con un posterior desconocimiento de la autoridad del presidente electo. Ese cambio de posición revela una imagen de incoherencia política mayúscula que merece ser repudiada por todos los colombianos y la comunidad internacional. Ya hubo respuesta de la “perramenta” adoctrinada en las tales “primeras líneas”:  uno de sus mastines, un tal sargento Chala, anuncio violencia en las calles. Sepa una cosa Cepeda: lo que 13 millones de colombianos ganamos en las urnas no lo vamos a perder por acción de los violentos. Pase lo que pase. Al miedo ya le pusimos calzones y coraje.


El nuevo gobierno respaldado por el mundo en su inmensa mayoría, tiene el deber irrenunciable desde el 21 de junio anterior en la noche, de garantizar el orden constitucional. Ello significa impartir instrucciones claras a la Fuerza Pública para que actúe con estricto apego a la Constitución, la ley, y el uso legítimo y proporcional de la fuerza cuando las circunstancias lo exijan. Eso encaja en su papel de proteger simultáneamente el derecho de los ciudadanos a manifestarse y el derecho del resto de la sociedad a vivir en paz, a movilizarse libremente y ver garantizado el normal funcionamiento de las instituciones.


En un Estado social y democrático de derecho no gobiernan ni los violentos ni las amenazas. Gobiernan la Constitución y las leyes.  La posesión del presidente elegido no es un acto de un partido político: es un acto de la Republica. 

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