"El candidato de Petro, del continuismo, no ha podido entender que en democracia los liderazgos se derrotan con ideas, argumentos y votos y no con calumnias, ni infundios".
De ahí, que incapaz de vencer
políticamente al expresidente Alvaro Uribe, dedico años a perseguirlo en los
estrados judiciales intentando destruir el prestigio del dirigente más
influyente en la historia reciente de Colombia. Mientras Alvaro Uribe recorría
el país construyendo una propuesta política que conquisto el respaldo de
millones de colombianos, Cepeda se dedicaba a construir discursos confrontaciones,
con amargura y resentimiento con resultados divisionistas.
Mientras Uribe convocaba,
Cepeda enfrentaba. Mientras el expresidente construía, Cepeda destruía.
Hoy, ante la realidad política
de que será estruendosamente derrotado por Abelardo de la Espriella, Cepeda
vuelve a recurrir al mismo libreto. El país no le ha escuchado a Cepeda como
generar empleo. Tampoco como recuperar la seguridad. No propone como sacar
adelante a los emprendedores, a los campesinos o a las familias colombianas.
Prefiere la calumnia, lanzar acusaciones, sembrar sospechas y convertir la
campaña presidencial en un campo de batalla moral donde pretende erigirse como
juez supremo de sus adversarios. Se le olvida que él, es el candidato de los
grupos alzados en armas, como las Farc y el ELN, grupos criminales
narcoterroristas que tanto daño le han hecho al país.
Pero los colombianos ya
conocemos su estrategia y su mala fe. Quiere generar titulares a través del
odio.
Puede con la calumnia
alimentar redes y entusiasmar fanáticos, pero no puede construir una nación.
Esa actitud no nos atemoriza a
los millones de seguidores de Abelardo de la Espriella, que hoy más que nunca
estamos a su lado, porque representa una esperanza, la reconciliación y la
unidad nacional. Millones de colombianos ya tomamos una decisión distinta,
responder con votos y no con ofensas. Si su intención es desacreditar
anticipadamente al próximo presidente de Colombia, fracasara. Si su propósito
es sembrar dudas sobre la voluntad mayoritaria de todo un pueblo, también
fracasara. Porque la respuesta de la ciudadanía libre será la misma que ha
derrotado siempre a los profetas del odio: la democracia.
El domingo 21 de junio
Colombia hablara en las urnas. Y cuando el pueblo de su veredicto, ninguna
maquinaria política, ninguna campaña de desprestigio y ningún odiador
profesional podrá desconocer su voz.
Ni un paso atrás. Siempre
adelante. Abelardo presidente.



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