El pasado 31 de mayo los colombianos demócratas escribimos un capítulo transcendental en la historia política reciente. Millones de ciudadanos acudimos a las urnas para expresar libremente nuestra voluntad soberana con lo cual enviamos un mensaje inequívoco sobre el rumbo de nuestra nación.
Por: Julio Bahamon
En esa jornada democrática,
como lo habíamos previsto, la candidatura de Abelardo de la Espriella y José
Manuel Restrepo alcanzo una victoria muy importante sobreponiéndose a la del
candidato del gobierno de Gustavo Petro, Iván Cepeda, en más de 700.000 votos,
convirtiéndose en la expresión de una esperanza colectiva, construida sobre los
valores de la libertad, la seguridad, el respeto por las instituciones, el
fortalecimiento de la economía y la recuperación de la confianza en el futuro
de Colombia. Por ello, es el momento
para expresar un profundo sentimiento de gratitud a los miles de amigos que
recorrieron los barrios, veredas, municipios y ciudades llevando un mensaje de
optimismo y también a quienes dedicaron horas de su tiempo para organizar reuniones,
distribuir material informativo y defender con argumentos una propuesta de
gobierno que despertó el interés de más de diez millones cuatrocientos mil
compatriotas.
Por eso preocupa que el
gobierno mismo haya reaccionado como un mal perdedor, y quiera colocar en tela
de juicio una labor encomiable cumplida por la autoridad electoral con profundo
profesionalismo sembrando dudas sobre la voluntad expresada por el pueblo
colombiano mayoritariamente. Si acaso hay dudas, en una democracia madura como
la nuestra, las controversias tienen canales institucionales para ser
resueltas. Los escrutinios existen para garantizar transparencia que permita
demostrar su función con independencia y rigor. Lo que no puede aceptarse es la
intención perversa de desacreditar anticipadamente el veredicto ciudadano,
cuando no los favorece. Para los amigos de la candidatura de Abelardo de la
Espriella y de José Manuel Restrepo la victoria obtenida en esta primera fase
no debe convertirse en motivo de triunfalismo. Por el contrario, debemos
asumirla con humildad, responsabilidad y grandeza, porque hemos demostrado que
existe una inmensa mayoría nacional dispuesta a defender los resultados y los
principios fundacionales que dieron origen a nuestra Republica.
Llegó la hora de construir un
gran acuerdo nacional alrededor de la libertad, la seguridad, el crecimiento
económico, la defensa de las instituciones y el respeto al Estado de Derecho.
Por eso resulta indispensable tender puentes hacia sectores afines e independientes,
hacia todos los colombianos que, a pesar de las diferencias ideológicas,
comparten la preocupación por el futuro de la Nación. No es el momento de
dividir. Es el momento de sumar. La primera batalla ha sido ganada, pero la
tarea aún no está concluida. Colombianos abracémonos como hermanos y demos el
paso definitivo de vencedores.



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