"Gustavo Petro es una farsante, mentiroso patológico, mitómano redomado".
Por: Julio Bahamon
Las palabras pronunciadas por
un jefe de Estado tienen sus consecuencias. Por eso resulta imposible pasar por
alto las graves acusaciones formuladas por Gustavo Petro contra el sistema
electoral colombiano después de conocerse los resultados de la primera vuelta
presidencial. Al denunciar la supuesta incorporación de cientos de miles de
cedulas al censo electoral y sugerir la existencia de irregularidades capaces
de alterar la voluntad popular, Petro lanzo una sombra de duda sobre la
democracia y la confianza en las lecciones.
Por fortuna el Registrador
Nacional, Hernan Penagos, explicó claramente que el censo electoral había sido
cerrado oportunamente, que los partidos políticos tuvieron acceso a él, y que
los sistemas de preconteo y escrutinio no operan con números de cedula que
permita la maniobra denunciada, sin fundamento alguno.
El Registrador defendió la
transparencia del proceso y rechazo categóricamente las acusaciones
presidenciales. Si los hechos contradicen la denuncia, la pregunta es: ¿Por qué
se formuló?
La verdad es tozuda. ¿Sería la
intención deliberada de sembrar dudas sobre los resultados que no favorecieron
a su candidato Iván Cepeda?
Lo cierto es que el gran
vencedor de la jornada electoral fue el candidato opositor Abelardo de la
Espriella, quien obtuvo el respaldo popular de mas de 10, 7 millones de votos,
con lo cual se modifico por completo el panorama político nacional.
El Petro marrullero, mitómano
en lugar de ser garante y de reconocer la decisión soberana de los colombianos,
opto por cuestionar con falacias el proceso que produjo el resultado.
El señor Procurador Gregorio
Alhach aseguro después de haber enviado una comisión de expertos a las oficinas
de la Registraduría Nacional, que esa entidad no encontró ningún indicio que lo
llevara a concluir esa infamia, y la descarto por mentirosa.
El mismo candidato del
gobierno, Iván Cepeda corroboro con sus asesores que la acusación del
presidente no tenia sustento alguno puesto que las pruebas nunca aparecieron.
Podemos libremente discrepar
de los resultados electorales, pero no se pude aceptar que se quiera
desacreditar la voluntad popular mediante acusaciones que carecen de sustento
verificable.
Cuando los hechos demuestran
una cosa y el presidente afirma otra, los ciudadanos llegamos a una conclusión
preocupante pero inevitable: que Petro miente.



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