El mundo mira estupefacto como la justicia en nuestro país se convirtió en un sainete instrumentalizada desde el poder para hacerle daño a la ley. ¡Que paradoja por Dios! Pasará como un episodio que produjo estupor entre la ciudanía e hizo sonrojar a los más connotados juristas de la nación. Ojo con lo que voy a decir: Si la intención de ambos togados, de un lado de la representante a la Camara y presidenta de la Comisión de Acusaciones, Gloria Arizabaleta y del otro, del Magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, que se pusieron de acuerdo en dictar fallos contrarios a la ley rodeados de estupidez jurídica.
En el primero, el auto de suspender provisionalmente en el cargo al presidente Gustavo Petro por intervención en política, y el del togado, de ordenar que el candidato Abelardo de la Espriella no utilice más la frase “firmes por La Patria”, ni se refiera a su movimiento político que lo inscribió como “defensores de la Patria. Además de ser ambas medidas descabelladas, tienen un trasfondo peligrosamente dañino.
A partir de esas tesis se podría
sostener que tales actuaciones jurídicamente insostenibles pudieran debilitar
al gobierno, pero eso no es exactamente cierto, sino que lo fortalecen, porque
le permiten victimizarse, denunciar conspiraciones y desviar la atención de los
problemas reales del pais. La crítica más dura la profirió la representante del
Pacto Histórico en la Comisión de Acusaciones de la Camara y presidenta de la
comisión de la misma con el auto para suspender a Petro, porque termina ayudándolo.
Le soltó las amarras para que quede libre hasta el 21 de junio para hacer
abiertamente política a favor de Cepeda, sin que organismo de control alguno
pueda imponerle cortapisas. ¡Prevarico!
Al pan, pan, y al vino, vino. Cuando una actuación pública provoca más confusión que certeza, mas controversia que seguridad jurídica y más beneficios políticos que resultados institucionales, corresponde decirlo con claridad: Colombia necesita respeto por la Constitución, rigor en el desempeño de las funciones públicas y responsabilidad frente a las consecuencias de cada decisión, que es precisamente lo que ha faltado en este desgobierno.
Abelardo de la Espriella y
su formula vicepresidencial deben dedicarle tiempo a conservar y multiplicar un
apoyo mayoritario para lo cual tendrían que concentrarse en cumplir con las
expectativas generadas en la campaña, demostrar que gobernaran para quienes
votaron por ellos y para quienes no lo hicieron, priorizar en el tema de la
seguridad y el crecimiento económico, en combatir la corrupción con hechos
verificables y mantener una comunicación permanente con la ciudadanía.
Principalmente evitar dentro de sus cuadros la arrogancia del triunfo.
Lo del uso, o no, de la
camiseta dejémoselo a cada quien y a la registraduría. Una tutela contra un
candidato en particular no afectara la voluntad de un pueblo decidido a ganar y
a cambiar el rumbo de la nación. ¡Firmes por La Patria, de la mano de los Defensores
de la Patria! Abelardo presidente.



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