"En tiempos electorales suele aparecer una sensibilidad que aflora a nivel de piel."
Por: Julio Bahamon
Algunos interesados en que todo se resuelva en silencio, y que no haya
debates, asemejan los debates a una traición o, peor aún, a hacerle el juego al
adversario. Nada más equivocado. La política no se hace con monjas de la
caridad, ni con ángeles, arcángeles o querubines. Se hace con hombres y
mujeres, de carne y hueso, con virtudes y defectos, intereses y
responsabilidades. Se hace en medio de disputas legitimas por el poder, pero
con la obligación moral de responderle con honestidad al país. Es normal que en
una contienda electoral existan diferencias, cuestionamientos y
confrontaciones. Es más preocupante el
silencio complaciente sin critica argumentada, y la obediencia ciega.
Si un candidato recibe respaldo de sectores tradicionales como el
liberalismo, el conservatismo, o el partido de la U, es legítimo preguntar qué
significado político tienen esas adhesiones. La gente debe entender que no se
trata de un ataque personal, ni una guerra innecesaria. Esos partidos fueron parte del engranaje
político que permitió la consolidación del gobierno de Gustavo Petro. Algunos
de esos partidos lo acompañaron por intereses, otros por acción y otros
seguramente por omisión. Pero todos tiene alguna cuota de responsabilidad en el
deterioro institucional, la crisis de seguridad, la incertidumbre económica y
la profunda fractura nacional que hoy vive Colombia.
La gente no es tonta: la pregunta valida que se hacen es: ¿cómo se puede
ofrecer un verdadero cambio apoyándose en quienes ayudaron a construir el
problema? Es mucho más fácil derrotar una candidatura incoherente que llegue
con unos pilares que le otorgaron la alternativa para ser candidata a la
presidencia, y que ahora su comportamiento sea ambiguo, que a otra candidatura
que le ha hablado al pueblo con firmeza, franqueza y con el firme propósito de
atender en su presidencia a lo que ellos han llamado: “Los Nunca”. Los que
nunca han vivido de los favores oficiales. Los que siempre han estado por fuera
de la teta del gobierno de turno.
De igual forma, Abelardo de la Espriella, ha estado dispuesto a recibir críticas
y cuestionamientos. En política, como me decía el Dr. Guillermo Plazas Alcid,
cuando fui alcalde de Neiva y ante las arremetidas de los concejales del MRL y
de la Anapo: “alcalde, en política como en el boxeo, el que va a dar, también
va a recibir”. Quien entra en la política no puede estar inmune al escrutinio
público. En estas elecciones la
artillería de la oposición, debe dirigirse contra el candidato del continuismo
y de los grupos narcoguerrilleros que no han dudado en ofrecerle publico
respaldo. Pero esto no significa que al interior de la oposición debamos
renunciar al examen interno. Cito una frase de Luis Carlos Galan Sarmiento
pronunciada en el senado, en un debate el 13 de octubre 1987: “Siempre he
creído que para transformar a los demás debemos tener el valor de
transformarnos nosotros mismos”. “No hay que pedirle a la juventud que muera
por la patria si no que viva para ella”.



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