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lunes, 6 de abril de 2026

PARAPETO. - LA HIPOCRESÍA DEL PODER MEDIÁTICO.

 

“Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. La frase atribuida a Jesucristo, retrata una enseñanza moral y desnuda una constante histórica: la facilidad con la que ciertos sectores se erigen en jueces implacables mientras esconden sus miserias.

Por: Julio Bahamon

 

Gustavo Petro exguerrillero del M-19, celador de las cárceles del pueblo, algo que se les olvido a los colombianos. Iván Cepeda Castro, PHD en calumnias e infundios, no oculta su admiración y su condición de “parcero” de los peores criminales del grupo narcoterrorista de las Farc, pero no, eso no les aterra a muchos mamertos que han enfilado sus calumnias e injurias contra Abelardo de la Espriella, con la insana actitud de hacerle mella en sus justificadas aspiraciones a regir los destinos de esta nación. El único galardón que reclama Cepeda a sus pares del partido comunista y a los grupos narcoterroristas, es haber sido el senador que intento meter a la cárcel a Alvaro Uribe, fracasando estruendosamente en su infundio, pero eso le mereció ser nominado para ser candidato a la presidencia de la república.


En la Colombia de hoy, esa hipocresía tiene nombre y oficio: un grupo pequeño de periodistas fletados por la campaña de Cepeda, otrora ideologizados, hoy monetizados a órdenes del mejor postor han dejado de informar para convertirse en actores políticos, apabullando el noble ejercicio del periodismo, convirtiéndolo en militancia disfrazada de objetividad. Y, su blanco siempre es el mismo: aquel que representa una amenaza real a los intereses y propósitos de la izquierda que hoy gobierna. El caso del Dr. Abelardo de la Espriella es paradigmático. Frente a él no se han presentado pruebas, no se han sostenido acusaciones en estrados judiciales, y aun así se insiste en construir una narrativa de sospecha permanente. No lo debaten con argumentos, sino con estigmatización. Lo grave no es solo el ataque, sino el desprecio por el Estado de Derecho. Las decisiones judiciales que han servido para aclarar y cerrar señalamientos son ignoradas, rompiendo un principio básico de la democracia. La presunción de inocencia. Los mismos que señalan con sevicia selectiva guardan silencio frente a los errores, escándalos o incoherencias de sus protegidos y aliados. Ven la paja en el ojo ajeno, pero ignoran la viga que hay los suyos.

 

Pero hay otro frente preocupante: la división interna. Deben saber que la fragmentación solo beneficia a quienes ya ostentan el poder. Lo que vimos en las tensiones alrededor de Miguel Uribe Turbay no pueden seguir escalando en el terreno público como espectáculo político. Si hay diferencias, que se resuelvan donde corresponde: de frente, sin intermediarios, sin micrófonos, sin cálculos de aplausos. El país esta ante una disyuntiva histórica. O se consolida un proyecto con capacidad de disputar el poder con firmeza, o se diluye en disputas internas allanándoles el camino a los verdaderos dueños de la campaña de Cepeda: los grupos narcoterroristas de las Farc y del ELN y a los actores violentos que compartieron tarima con Petro en Medellín. Abelardo de la Espriella presidente en primera vuelta.

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