Fajardo durante años construyo su identidad política alrededor de la tesis del: “Ni Petro ni Uribe” .
El Centro Democrático
atraviesa uno de los momentos más delicados de toda su existencia. No así el
Uribismo, que se ha refugiado, en su inmensa mayoría, en las toldas de la
candidatura de Abelardo de la Espriella. Todo se debe a la incoherencia y
ambigüedad de su campaña y al reciente acercamiento político y mediático entre
Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático y Sergio Fajardo, “el
tibio”, como comúnmente lo conocen en el país. No porque el dialogo democrático
sea condenable, sino porque ocurre en un momento donde la campaña de la
senadora del Centro Democrático necesitaba transmitir definiciones políticas y
no mensajes ambiguos. Conversar es normal. Lo preocupante para sus seguidores
es el significado político que esa actitud les envía.
Se le olvido a la distinguida
candidata que para muchos uribistas el señor Sergio Fajardo no representa una
figura neutral dentro de la historia reciente del país. Fajardo durante años
construyo su identidad política alrededor de la tesis del: “Ni Petro ni Uribe”
Una consigna que para millones de uribistas resulto profundamente indignante,
porque termino igualando un proyecto asociado a la recuperación de la seguridad
y de la institucionalidad, con propuestas radicales de la izquierda que
históricamente ha confrontado violentamente con sus organizaciones
narcoguerrilleras al Estado Colombiano. Por eso el café propuesto produce
desconcierto.
A lo anterior se suma otro
elemento imposible de ignorar: la influencia política del entorno de Fajardo,
particularmente la cercanía de su pareja sentimental, la excanciller María
Angela Holguin con Juan Manuel Santos. Y allí aparece una herida que para los
uribistas nunca terminó de cerrarse. Para muchos militantes, el santismo
representa la fractura del proyecto político que llevo a Alvaro Uribe Velez al
poder. Santos representa el alejamiento de las banderas originales de la
seguridad democrática y el inicio de una etapa de profundas divisiones dentro
del partido político de Paloma.
¿Que esperaban los amigos de
Paloma? Muchos ciudadanos veían en Paloma Valencia una dirigente capaz de
liderar con coherencia doctrinaria el momento político actual pero no fue así.
¡Periclito! Ante esa triste realidad, ahora más que nunca se impondrá el voto
Útil, con lo que se evitará, que la necesidad legitima de ampliar sectores se
termine diluyendo en su identidad política. Una cosa, amigos, es construir
puentes democráticos, y otra cosa muy distinta es enviar señales equivocadas
que muchos interpretan como relativización de las diferencias ideológicas que
han enmarcado una política durante más de 20 años. El país no busca acuerdo
pegados con babas, ni equilibrios retóricos. Busca liderazgo, firmeza y
claridad frente al rumbo de nuestra nación. Esa extrema coherencia, que reclama
el país, en lo fundamental, la tiene Abelardo de la Espriella. Abelardo
presidente, en primera Vuelta.



No hay comentarios:
Publicar un comentario