Gustavo Petro prometió una
transformación estructural que terminó en un fiasco, enmarcado en
improvisaciones, anuncios grandilocuentes, retórica y resultados ineficientes.
Los campesinos escucharon los
cantos de sirena que entonaba el propio presidente Petro sobre millones de
hectáreas productivas; a cambio recibieron solo formalización de algunas de
ellas, terrenos que ya estaban en manos de los campesinos, que no transformaron
la realidad.
Los jóvenes fueron convocados
e ilusionados por la promesa de un futuro con educación garantizada.
Simultáneamente crecía la incertidumbre sobre organismos como ICETEX que se
liquidaba y los sueños se esfumaron.
En salud, millones de
colombianos sienten que pasaron de un sistema bueno, pero imperfecto, a uno de
riesgo.
En resumen, el fracaso de este
gobierno fue total, absoluto. Hoy, muchos de quienes respaldaron ese proyecto
callan o se apartan. Uno pregunta, y nadie asiente haber votado por Gustavo
Petro. Ese desastre y esa carga recae
inevitablemente sobre su candidato, el aspirante a sucederlo, Iván Cepeda
Castro, que representa la continuidad de una idea que no le cumplió al país.
Pero toda crisis abre una
oportunidad. Y es ahí, donde emerge con fuerza la figura de Abelardo de la
Espriella. No como un político tradicional, sino como una ruptura. De la
Espriella representa algo que hoy escasea: claridad sin ambigüedades, extrema
coherencia, carácter para enfrentar estructuras criminales que el actual
gobierno permitió que se enquistaran amenazando la seguridad de los colombianos
y un mensaje que ha conectado con millones de ciudadanos cansados del caos.
Mientras otros dudan o calculan de la Espriella fija posiciones. Mientras el país
reclama seguridad, Abelardo la pone en el centro del debate. Mientras muchos
justifican los errores del poder y cohabitaron con el, el tigre los confronta
sin titubeos.
Esa combinación, decisión,
coherencia y firmeza, lo convierte en algo más que un candidato: en un
estadista con un coequipero, el mejor, José Manuel Restrepo que representan un
canal de expresión del inconformismo que le ha llegado al corazón de los
colombianos.
Por eso lo digo: la elección
que viene no será entre izquierda o derecha. Sera entre el continuismo y el
desencanto, o la posibilidad de recuperar la seguridad, el orden, la confianza
y la autoridad del Estado. De ahí que no dude en afirmar que este, es el
momento de Abelardo de la Espriella.



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