"Lo de Paloma Valencia no fue
un simple cálculo político. Fue una señal de debilidad y de derrota".
Negarse a decir si apoyaría a
Abelardo de la Espriella en una eventual segunda vuelta frente a Iván Cepeda
deja al descubierto el miedo y una tensión que esa campaña no puede ocultar: el
daño que ha hecho al interior del Uribismo el señor Daniel Oviedo, que de
manera increíble ha influenciado en la candidata, y la dificultad de actuar
como bloque cuando el momento lo exige.
Podríamos hablar de
estrategia, o de prudencia. Pero cuando esa misma ambigüedad se repite en su fórmula
vicepresidencial, deja de parecer calculo y empieza a parecer desconexión con
la realidad y con la urgencia política del momento.
No sabemos si sus asesores le
advirtieron del riesgo real de su mutismo. El mismo debate terminara por
debilitar a sus seguidores y en política dividir fuerzas siempre termina por
favorecer al contradictor.
Esa actitud de Paloma nos
invita a una reflexión de fondo: si el objetivo es evitar que una figura como
Cepeda llegue fortalecida a una segunda vuelta, el silencio no es la opción más
inteligente.
El liderazgo también consiste
en saber en qué momento debe cerrar filas con fuerzas afines y ese momento
parece estar cerca y deben admitirlo.
No es una cuestión de egos, ni
de protagonismos individuales. O se consolidan apoyos desde ahora. O se deja
abierta la puerta a un escenario incierto.
Vale la pena recordar que la
candidatura de Abelardo de la Espriella no surge por generación espontánea,
sino de un ambiente político que, en sus inicios, tuvo el impulso de Alvaro
Uribe Velez.
Ese dato no es menor: habla de
una raíz común que hoy debería facilitar, no obstaculizar las definiciones. Por
esa razón, en algún momento dije y propuse adelantar una gran campaña para
unificar al Uribismo alrededor de la aspiración de Abelardo de la Espriella
Para quienes se identifican
con ese sector este mensaje es claro: la fortaleza no está en callar, sino en
la capacidad de actuar con coherencia y oportunidad. En política no siempre
gana el más fuerte, sino el que logra unirse a tiempo.
No puede Paloma negarse a
reconocer que el momento exige que otro lidere. Y esa persona es Abelardo de la
Espriella. Humildad y patriotismo senadora.



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