Frase
atribuida a Francois-Marie Arouet, “Voltaire”. También una señora amiga en
Neiva, doña Lila de Castaño, que tenía unas hijas muy lindas, desde muy
temprano en las mañanas las levantaba diciéndoles: “hijas a levantarse a hablar
mal de la gente, antes de que la gente hable mal de ustedes”.
Lo
del tinterillo picapleitos fugaz, y sicario moral un tal Fonseca, miembro
activo del partido Pacto Histórico, no es una denuncia: es una blasfemia y una
maniobra política orquestada desde la presidencia de la república. Resulta
inaceptable que a alguien se le ocurra señalar un supuesto fraude, que dice
haberse cometido en la recolección de las más de cinco millones de firmas que
llevo el candidato Abelardo de la Espriella ante la registraduría general de la
nación con las que hizo su inscripción formal como candidato a la presidencia
de Colombia y, al mismo tiempo, reconozca públicamente que no tiene pruebas.
Eso es una irresponsabilidad deliberada.
En
cualquier democracia seria, acusar sin evidencia no es valentía: es temeridad.
Y cuando además quien lo hace milita en el partido de Iván Cepeda, convierte el
asunto en algo sospechoso. El cachifo que presentó la denuncia no es un
ciudadano cualquiera, sino que hace parte de una estrategia política peligrosa
de los comunistas: utilizar todas las formas de lucha, inclusive hasta la
calumnia.
En
eso, el señor Cepeda es un experto, lo vimos visitando cárceles en Colombia y
en los Estados Unidos en busca de testigos falsos, blasfemando contra el líder
del partido Centro Democrático e indilgando responsabilidades al entonces
presidente de la Republica Alvaro Uribe en los falsos positivos, sin tener en
cuenta la definición que hizo la magistrada, Catalina Diaz, vicepresidenta de
la sala de Reconocimiento de verdad de la JEP, en febrero de 2025, en el
sentido de que, esos crímenes nunca fueron una política de Estado. Por lo
tanto, eso tiene nombre: calumnia con propósito político. Narrativa con la que
quieren instalar en la mente de los colombianos la idea de un fraude
inexistente, jugando con la credibilidad del sistema electoral y con la honra
de un candidato.
El
leguleyo de marras, a órdenes del régimen, ante la insistencia de los medios
para que presente las pruebas, se excusa y se esconde, diciendo que “las está
buscando”, como si la justicia fuera un juego. Si hay pruebas, que las
presenten. Si no las hay, que se retracten, como corresponde.
Petro
ha jugado a distraer la opinión con escarceos con sus funcionarios, ya vimos
las denuncias de Angie Rodríguez, y nada paso, las infamias de la “perramenta”
que se refugia en el misterio del interior y la procuraduría calla
sospechosamente, ayer con el “San Benito” de la Constituyente. Todos los días
se fabrican infamias, y nos damos cuenta que quienes dicen defender al país, lo
están degradando. Les vamos a dar una muenda electoral “de padre y señor mío”.
Pónganle la firma. Abelardo presidente!



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