Por: Julio Bahamon
Algunos periodistas con inclinaciones morbosas e izquierdistas se han dedicado en las últimas semanas, a atacar con columnas recargadas de sospechas infundadas con el fin de golpear el buen nombre del candidato presidencial y virtual ganador del debate el 31 de mayo, el Dr. Abelardo de la Espriella. De ese grupo de gacetilleros entro a hacer parte el señor Gerardo Reyes quien sin mostrar pruebas decidió arremeter contra el candidato mayoritario en el sentimiento de los colombianos.
Uno se pregunta, inevitablemente, si el susodicho periodista poseía desde hace tiempo esa información, ¿por qué guardo silencio durante meses? ¿Por qué no publico sus cuestionamientos cuando apenas comenzaba la candidatura? ¿Por qué esperar exactamente el momento en que las encuestas muestran al Dr de la Espriella creciendo aceleradamente, incluso con posibilidades reales de imponerse en primera vuelta? ¿Qué puede uno deducir cuando una publicación, de ese calibre, aparece justo en el instante de mayor ascenso electoral del candidato que se perfila como victorioso? Que el debate deja de ser exclusivamente periodístico para convertirse también en político. Son periodistas que tomaron anticipadamente partido. En esos casos es evidente que estamos frente a una operación mediática cuidadosamente calculada, e influenciada por parte de los enemigos de Abelardo de la Espriella para influir en la opinión publica antes que los ciudadanos acudan a las urnas.
No está bien que esos fulanos se hayan dedicado a construir condenas mediáticas basadas en interpretaciones, versiones parciales, chismes de farándula, o repetir hechos ya explicados públicamente por el propio candidato. El señor Reyes lo sabe: hoy en día no existe condena judicial alguna que destruya la presunción de inocencia ni la decisión definitiva del Tigre que le impida aspirar a la Presidencia de la República, ni a ejercer el cargo a partir del 7 de agosto venidero.
Resulta preocupante que cierto sector del periodismo, afín a la izquierda, haya abandonado la prudencia para convertirse abiertamente en actores políticos. Ya no informan: intervienen. Ya no contrastan, inducen: ya no investigan para esclarecer, sino para direccionar emocionalmente la opinión pública. La otra pregunta que surge es la siguiente: No es solamente lo que publico Gerardo Reyes, sino para quien y a quien quiere favorecer. Si las acusaciones eran tan graves el deber ético era presentarlas oportunamente ante la justicia y ante el pais, no reservarlas como sucia munición para intentar destruir la honra y la candidatura de un hombre que se la está jugando por Colombia. Mientras algunos intentan destruir reputaciones, millones de ciudadanos seguimos viendo en Abelardo de la Espriella una voz firme, frontal y sin complejos frente al desastre institucional y económico que vive Colombia. Pero no, esos adláteres del Petrismo no lo ven y pretenden, con infundios y calumnias, ganar unas elecciones desde los tribunales. Juego sucio.



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