"Una ponderación deja de ser neutral cuando incorpora encuestas cuya independencia está seriamente cuestionada por amplios sectores de la opinión pública que las ven como firmas contratistas del gobierno, o cercanas a determinados grupos económicos claramente alineados con el gobierno de turno".
Por:
Julio Bahamon
Totalmente
desvirtuadas las encuestas porque las han convertido en armas políticas,
instrumentalizadas como herramientas para moldear percepciones, construir
narrativas y para empujar la opinión pública hacia determinadas conclusiones.
No saben que hacer, y mantienen entre ojos al candidato y posible ganador de
las elecciones Abelardo de La Espriella. Todo en ellas, está orientado a
joderlo. Pero el Tigre esta disparado ante el querer del pueblo que ve en él, y
en su fórmula vicepresidencial, al presidente que dirigirá el nuevo rumbo de la
nación.
De
ahí que resulta necesario analizar con cuidado el reciente ejercicio de
“ponderación” de encuestas divulgado por algunos medios, entre ellos, la
plataforma de La Silla Vacía, sobre la carrera presidencial. Con la teoría de
ellos, se busca que distintas mediciones sean comparadas a efecto de producir
un promedio que reduzca errores o distorsiones individuales. Eso estaría bien
si todas las fuentes tuviesen estándares técnicos equivalentes, independencia
ante el poder demostrada y, márgenes de objetividad verificables. Pero eso no
ocurre.
Allí aparece precisamente el problema. Una ponderación deja de ser neutral cuando incorpora encuestas cuya independencia está seriamente cuestionada por amplios sectores de la opinión pública que las ven como firmas contratistas del gobierno, o cercanas a determinados grupos económicos claramente alineados con el gobierno de turno. El resultado al final inevitablemente termina contaminado. Todo lo que comienza mal, termina mal. Porque la suma de sesgos y datos espurios no produce equilibrio, produce un sesgo más sofisticado sin dejar de ser un fraude. Este es el debate de fondo que rodea a firmas como Invamer o Centro Nacional de Consultoría, cuyos resultados han sido objeto de cuestionamientos recurrentes por parte de diversos actores políticos y ciudadanos. Lo cierto es que en Colombia se ha deteriorado la confianza pública en muchas encuestadoras.
Sus
intenciones, durante la época de cosecha electoral, es estar a órdenes del
mejor postor para hacer su agosto y cuadrar caja. Y se prestan para hacer daños
a los candidatos que van punteando en el querer de los colombianos, y de tejer
enfrentamientos entre campañas afines, en su propósito de derrotar al
continuismo. ¿Quién es Cepeda y cual su “merito” para ser el nominado de la
Izquierda? Ser el odiador de Alvaro Uribe.
Ellos
saben que el ganador de las encuestas, si fueran libres de mentiras, es
Abelardo de la Espriella, pero intentan direccionar al elector, con lo que se
denomina el “voto útil”, pero el tiro les salió por la culata, ya que millones
de electores nos hemos alineado a su alrededor porque lo vemos con todas las
posibilidades de triunfo. Por eso, lo de la ponderación tiene un enorme tufo de
perversidad que intentan convertir en instrumento psicológico.
Debemos
estar tranquilos, pues será el pueblo soberano quien elegirá el 31 de mayo, en
primera vuelta, a nuestro candidato y próximo gobernante y no los que fabrican
opiniones.


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