Ahora
si entiendo por qué el candidato de Gustavo Petro, Iván Cepeda Castro no acepto
ir a debates públicos con Abelardo de la Espriella, abogado penalista. Porque
buena parte de su capital político ha estado históricamente ligado a la
calumnia permanente contra el uribismo y particularmente contra el expresidente
Alvaro Uribe Velez. Los falsos positivos los ha convertido en arma de poder,
que los ha sabido utilizar como instrumento de confrontación electoral. Pero
cobardemente elude una confrontación publica con De la Espriella.
Nuevamente
el debate sobre los llamados “falsos positivos” lo ha colocado como el centro
del debate para mostrar a los jóvenes de Colombia distorsionada la verdad de
los hechos.
No
se puede ocultar que esos hechos lamentablemente existieron. Fueron crímenes
atroces y constituyen una de las páginas más oscuras de nuestra historia
reciente. Pero reconocer esa tragedia no nos debe llevar a aceptar todas las
conclusiones políticas que la izquierda pretende imponer alrededor de ello.
La
misma Jurisdicción Especial para la paz, JEP, ha dicho que existe una
diferencia sustancial entre afirmar que miembros de la fuerza pública
cometieron crímenes sistemáticos y, paralelamente sostener que existió una
política de Estado diseñada desde la presidencia de la república para asesinar
civiles. Esa diferencia no es menor. Es jurídica, histórica y moral.
No
existe una sentencia judicial, ni una sola acusación que señale al expresidente
Alvaro Uribe Velez por ordenar o dirigir esos asesinatos. Ni hay pruebas que
acrediten una instrucción expresa suya encaminada a cometer semejantes
atrocidades. Ni se trató de una directriz del gobierno. Lo dijo en sentencia el
23 de febrero de 2025 la magistrada de la JEP la Dra. Catalina Diaz,
perteneciente a la Sala de Reconocimiento de la Verdad.
Sin
embargo, sectores progresistas han convertido la tragedia nacional en un juicio
político permanente contra el Dr.
Alvaro Uribe como si la compleja violencia
colombiana pudiera achacarse a un hombre de la grandeza moral de Alvaro Uribe.
Allí aparece la verdadera intención malévola del problema; la
instrumentalización del dolor. Cepeda miente, ayer hoy y siempre. ¿Ese es el
canalla que pretende gobernar con falsedades a Colombia?
Cepeda
ha sido un ilusionista truculento que ha intentado transformar el dolor de las
víctimas en combustible electoral.
“Los
progres” de mala fe intentan achacarle al Dr. Uribe todos los males de este país,
pero ocultan que la violencia en Colombia ha tenido nombre propio: sus socios
de las guerrillas de las Farc y el ELN, el paramilitarismo, el narcotráfico, la
corrupción de la política y también, debo decirlo, de agentes estatales que
traicionaron el uniforme y la Constitución. De la Espriella presidente en
primera vuelta.



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