El informe de la JEP sobre la cifra de reclutamiento forzado de menores por cuenta de las organizaciones narcoterroristas de las Farc y del ELN, de más de 18.000 pequeños es escalofriante y merece el rechazo de todos los colombianos. Exige además una inmediata respuesta de Juan Manuel Santos, quien a sabiendas de que esos grupos criminales habían cometido ese holocausto, les concedió a sus cabecillas curules gratis en el Senado de la República. Juan Manuel Santos es un miserable traidor a la patria, que debería ser juzgado por los delitos cometidos por sus compinches de las FARC en contra de esos 18.000 niños violentados por bandas de abusadores.
La mayoría de esos niños
murieron en las selvas de Colombia, o asesinados en combates indefensos, o
violados, o violadas las niñas, y yo les he contado, de cómo vi a una niña de
apenas 13 años que era violada, todas las noches, en el cambuche de uno de los
cabecillas de la escuadra de las FARC que me tuvo secuestrado en 1997.
Es suficiente perdonar a esos criminales por el simple hecho de contar, y aceptar, 7 años después de haber sido beneficiados por unos acuerdos firmados, con la sangre de los 18.000 niños y niñas, que fueron llevados contra su voluntad al sacrificio, ¿de que si son culpables? No. Aquí no cabe el perdón, ni el olvido. Lo único que resarciría el dolor de sus familias es la aplicación de la ley y el juzgamiento de los responsables, quienes deberían ir a la cárcel a pagar por sus crímenes sin contemplación alguna.
La magnitud de la tragedia no admite relativización, luego de conocer el informe de la Jurisdicción Especial para la Paz de 18.000 casos de reclutamiento y utilización de menores durante el conflicto. Los nazis llevaban a los niños judíos a los hornos crematorios con mentiras, y las Farc los llevaban y aun los secuestran para la guerra y los colocan como carne de cañón durante los enfrentamientos con el ejército de Colombia, que es otra manera de cometer crímenes de lesa humanidad.
En democracia, todos pueden
aspirar al poder. Pero la ciudadanía tiene el deber de evaluar con rigor las
posturas de los distintos candidatos frente a la violencia y el
terrorismo.
Colombia necesita paz, sí, pero una paz cimentada en verdad, justicia y garantías reales de no repetición.
¿Estamos dispuestos los colombianos, mayoritariamente, a refrendar la continuidad de un modelo que improviso y que logro llevar a la ciudadanía al mayor nivel de asombro?
¿O queremos cambiar para recomponer la vigencia de la
ley, de la libertad y el orden de nuestra nación? Votemos por esta última
opción: Abelardo presidente en primera vuelta.



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