Por: Julio Bahamon
“No todo lo que brilla es
oro”, dice el adagio popular. Ya hoy, decantados los números y la euforia
electoral de unos y otros, es necesario poner los pies sobre la tierra y volver
a hacer cuentas.
Muchos sectores de opinión
tenemos una preocupación creciente al observar el entusiasmo y el triunfalismo
de las campañas, me da la impresión de que esos dos fenómenos parecen estar
nublando la claridad estratégica de ambos líderes de la derecha, Paloma Valencia
y Abelardo de la Espriella, los dos con opción de ganar la presidencia de la
república. Ambos representan corrientes legítimas dentro del pensamiento
democrático cercano al ideario político del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Ambos tienen seguidores convencidos, pero también es evidente que ambos se
disputan esencialmente la misma cantera electoral. Y ahí está el problema.
Hoy no están sumando nuevos sectores
políticos al proyecto democrático; están dividiendo al mismo electorado. La
base social que ha respaldado durante años al uribismo y a la derecha
democrática aparece fragmentada entre dos aspiraciones que, en lugar de sumarse
o complementarse, compiten por los mismos votos.
Yo los invito a hacer
nuevamente números; las cifras no mienten: En la primera vuelta presidencial de
2022, Federico Gutiérrez obtuvo 5,1 millones de votos (24%), mientras Rodolfo Hernández alcanzó 5,9 millones de votos (28%); Sumados los dos, fueron 52%, sobrados
para ganar en esa primera vuelta. Por su parte, Gustavo Petro logró 8,5 millones
de votos (40,38%). Pero para esa elección, Petro no era gobierno, era
oposición. Hoy Gustavo Petro es el que manda y miren el crecimiento que su
partido tuvo para el Congreso de la República. En la segunda vuelta, el
ingeniero Hernández llegó a 10,58 millones de votos, incluso menos que la suma
que él y Gutiérrez habían obtenido en la primera vuelta. En cambio, Petro,
creció por la división y el descontento de muchos ante la vanidad de los
candidatos de la derecha, Gutiérrez y Hernández, ¡hasta llegar a 11,2 millones
de votos y ganó! Pareciera que no hemos aprendido la lección: la fragmentación
debilita y la unidad fortalece. Hoy el
escenario es aún más desafiante. El Pacto Histórico ha demostrado más
disciplina política y en las pasadas elecciones legislativas obtuvo la votación
más alta para el congreso. Mientras tanto, otras colectividades, Liberales,
Conservadores, Cambio Radical, la U, con excepción del Centro Democrático,
vieron menguada su representación parlamentaria; esos resultados afectarán la
elección presidencial. Ahora, después de lo que vimos en el actual gobierno,
pensar que esos partidos se alinearan automáticamente a uno cualquiera de los
candidatos de la oposición sería ingenuo de su parte. La historia nos enseña
que esos partidos se arriman al candidato, o al árbol que más sombra da.
Dr. de la Espriella y Dra.
Paloma: El futuro de Colombia está en juego. Los invito a construir una
alternativa unida capaz de convocar a la mayoría nacional. No podemos
presentarnos fragmentados ante una izquierda cohesionada. Si Uds. no suman sus
votos, terminarán facilitando la victoria del adversario.



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