Hoy vamos a cambiar de tercio, como se dice en el argot
taurino: vamos a hablar del Huila, mi departamento. Por unos días dejaremos el
tema político para tratar temas de interés regional y para comenzar a fijar
compromisos con la región y su gente.
En el Huila, en los últimos 20 años no se han visto obras
redentoras para la zona. Ni de infraestructura, ni en educación, en ese campo,
es bueno recordarlo, en el gobierno de Carlos Julio González se robaron los
recursos de los cinco mega colegios de la felicidad, ni en nada. Los
presupuestos se los han gastado en pequeñas obras viales, algunos servicios
elementales distribuidos en varios municipios, pequeñas canchas deportivas,
pocos kilómetros de Placas Huellas, todo eso con un criterio corto placista, y
con marcados intereses particulares y personales de los gobernadores de turno.
Pero el Huila es mucho más que eso.
Agua hay, pero el abandono abunda. Muchos discursos para
hablar de “transformar el campo”, mientras se abandonan las soluciones que
realmente lo harían posible. El agua existe. La tierra existe. La vocación
agrícola es evidente. Lo que no ha habido, ni hay, es voluntad política de los
sucesivos gobiernos para convertir ese potencial en productividad real.
Mientras se elucubra en discursos sobre “economía popular” y la “justicia
social”, en nuestro territorio ocurre exactamente lo contrario. Productores asfixiados
por costos elevadísimos energéticos, tierras subutilizadas y proyectos
estratégicos engavetados.
El ejemplo mas claro es la dependencia absurda de
sistemas de bombeo eléctrico, mientras se han robado obras significativas como
el distrito de riego: Tesalia – Paicol - Rio Negro en ejecución desde hace mas
de 10 años. Esto es atraso y negligencia administrativa. El Huila no puede caer
nuevamente en esa cadena de corrupción de nunca acabar.
La solución esta identificada, estudiada y técnicamente
sustentada. El desarrollo del proyecto de riego Hobo-Campoalegre- Rivera-
Neiva, una iniciativa del ingeniero Jaime Vanegas Bernal, capaz de adecuar
cerca de 32.000 hectáreas de tierras aptas para la agricultura mediante la
conducción de agua por un canal en tierra de 32 kilómetros de longitud desde el
rio Magdalena, captándola en el sitio El paso del Colegio. Desde ese canal, que
llevara 35 m3, se prevé destinar 5 m3 de agua por gravedad para ser llevada,
inicialmente, por un canal secundario hasta el puente El Juncal, al que se
podrán adosar dos tuberías metálicas cada una con 2,5 m3 por segundo que
verterá el agua en el canal de aducción del distrito de riego de Asojuncal. El
asunto técnico sobre la utilización de la estructura del puente fue consultado
con el ingeniero calculista Dr. Carlos Angarita, supervisor de la obra, puente
que fue construido por el autor de esta columna de opinión, en su condición de
Ingeniero civil. Esa obra solucionara la falta de tierra apta para agricultura,
agua para surtir los acueductos de los municipios aledaños, y sustituir para
siempre el uso de energía eléctrica en el Juncal.



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