Por: Julio Bahamon
Durante más de 11 años, millones de colombianos defendimos por convicción un conjunto de propuestas que marcaron profundamente la vida política del país. Han sido principios claros: la seguridad democrática, la autoridad legítima del Estado frente al terrorismo, la defensa de la libertad económica, la convicción de que Colombia debía resistir los experimentos ideológicos que tanto daño han causado en naciones amigas de América Latina. Esos principios encontraron su máxima expresión política en Álvaro Uribe Vélez y en su proyecto político, el Centro Democrático. Muchos colombianos dimos esa batalla política con la certeza de que defendíamos algo más que una candidatura o una coyuntura electoral.
Por eso hoy nos surge una inquietud legítima que merece ser discutida con franqueza. La fórmula presidencial encabezada por Paloma Valencia e integrada por Juan Daniel Oviedo ha sido presentada como un esfuerzo para “equilibrar” los extremos ideológicos y superará la polarización. Toda campaña busca sumar apoyos y construir mayorías, en el entendido de que se puede unir todo lo que sea ideológicamente factible de unir. Pero también debe ser un ejercicio de coherencia. Cuando se habla de acabar con los extremos, inevitablemente aflora una pregunta incómoda: ¿quiénes son exactamente esos extremos?
Si defender con firmeza la seguridad democrática, rechazar la ideología de género o insistir en la autoridad del Estado frente a grupos armados ilegales se convierte en una posición “extrema”, entonces muchos de quienes hemos defendido esos postulados podríamos terminar ubicados en el banquillo de los polarizantes.
Cuando los principios empiezan a diluirse en nombre de la conveniencia electoral, el riesgo es que la ciudadanía termine preguntándose qué diferencia real existe entre unas opciones políticas y otras. ¡Lo cual confunde! Tal vez esta discusión sea incómoda, pero es necesaria. Porque en la política, como en la vida, siempre llega el momento de preguntarse si estamos actuando desde la convicción o desde la conveniencia.
Y esa es una pregunta que ningún candidato serio debería eludir.
ADENDA: El viernes 13 de marzo conocimos la primera encuesta de Atlas Intel, auscultada después de las elecciones del 8 de marzo, y las cifras me dan la razón: Cepeda aparece con un 36,4%, Abelardo con un 27,9% y Paloma con el 17,5%. Si sumamos los porcentajes de, De la Espriella con los de Paloma, tenemos que unidos lograrían el 55,4%, frente a Cepeda con apenas el 36,4%. Peligrosamente se estaría repitiendo la historia del 2022: en la que, si se hubieran unido Fico y Hernández, hubieran alcanzado el 52%, frente a Petro con 40,8%. Pudo la soberbia y el ego de los dos, no les permitió dialogar y ganó Petro. Petro no era presidente. Ahora lo es, y maneja billones de pesos, destinados a ganar a como dé lugar. ¡Responsabilidad, señores!


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