No se trata de abandonar los principios, sino de buscar el liderazgo que esté dispuesto a defenderlos por convicción y no por conveniencias, sin ambigüedades, ni medias tintas. Lo que millones de compatriotas hemos hecho acompañando el proyecto político que cambió el rumbo del país no fue un simple movimiento electoral, sino una profunda convicción sobre lo que el país necesitaba para sobrevivir y prosperar.
La autoridad del Estado frente
al terrorismo, la defensa de la libertad individual y económica y el rechazo
frontal ante los experimentos ideológicos de la izquierda relacionados con
nuestros hijos, han sido los pilares de ese camino. Nuestro recorrido encontró
su liderazgo en Álvaro Uribe Vélez y se expresó políticamente en el Centro
Democrático. Gracias a esa visión, el país vivió años en los que millones de
ciudadanos recuperaron la tranquilidad y volvieron a creer en sí mismo. Por esa razón no podemos caer en la confusión
frente a actitudes incoherentes porque podemos ser víctimas de desconciertos; de
ahí que debemos hablar con franqueza.
Las recientes decisiones de la
candidatura de Paloma Valencia han generado inquietudes entre muchos
colombianos que nos identificamos con el uribismo. No solo por la escogencia de
Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial, presentada como un “equilibrio”
frente a extremos ideológicos, sino también por declaraciones en las que ha
querido negar o disfrazar la identidad de derecha que por muchos años
caracterizó a nuestro partido. ¿Desde cuándo defender con firmeza la seguridad
democrática, la autoridad del Estado, combatir la impunidad que se ha dado en
la JEP, que defiende con ardentía el señor Oviedo, a los responsables de
crímenes atroces de lesa humanidad como el reclutamiento de 18.700 niños por
las organizaciones narcoterroristas se convirtió en una posición
“extrema”? Quienes durante años hemos
defendido esas ideas no somos extremistas. Somos ciudadanos que creemos que
Colombia necesita liderazgo, claridad y coraje político para enfrentar
desafíos.
En ese contexto cobra especial
relevancia la candidatura de Abelardo de la Espriella, quien en su aspiración a
la presidencia de la república ha hecho una férrea defensa de la autoridad, del
orden institucional y de la necesidad de enfrentar con decisión a quienes
pretenden debilitar la democracia colombiana. En la política como en la vida,
la coherencia es un valor fundamental. Por eso, desde esta columna, hoy quiero
hacer una invitación clara y respetuosa a millones de colombianos que durante
años se han identificado con el legado político del uribismo a unirnos en un
gran movimiento nacional que podríamos llamar “URIBISTAS CON DE LA ESPRIELLA”.
No para dividir, sino para preservar la claridad e identidad que nos convocó
hace 12 años para devolver la esperanza a un país que estaba perdido, pero que
con nuestro trabajo regresó al seno de la democracia el orden y la libertad.



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