La trayectoria ideológica de
Iván Cepeda está claramente situada en la izquierda radical. Su carrera
política ha estado vinculada a corrientes ideológicas de izquierda que
históricamente se nutren del pensamiento marxista. Por esa condición, muchos
analistas ven en él, un enfoque con tendencias a privilegiar la confrontación
de clases, la expansión del Estado en la economía y una visión miope y crítica
del sistema de mercado. En un país que
necesita crecimiento, inversión y seguridad jurídica, existe preocupación de
que una persona con esa orientación ideológica se empeñe en profundizar la
polarización debilitando la confianza económica.
Cepeda sería una prolongación
de un modelo de gobierno altamente controvertido. La candidatura de Cepeda la
vemos como la prolongación del proyecto político de Petro, que representa a una
administración que ha sido objeto de fuertes cuestionamientos por decisiones
equivocadas en materia energética y por su evidente relación con grupos armados
ilegales bajo la política de “paz total”, y los colombianos debemos oponernos a
esa línea porque creemos que Colombia necesita correcciones de rumbo y no una
continuidad con el mismo enfoque político.
El candidato de Petro, Iván
Cepeda, tiene una inclinación política arropada con narrativas favorables al
llamado “conflicto social”. La visibilidad de Cepeda la observamos en defensa
de procesos judiciales y narrativas mentirosas relacionadas con el conflicto
armado colombiano. Sus intervenciones siempre han sido orientadas a minimizar
la responsabilidad política y criminal de las organizaciones narcoguerrilleras
como las FARC o el ELN, al privilegiarlas con un sesgo exclusivo para señalar
responsabilidad en el Estado.
La designación de una mujer
indígena como su fórmula vicepresidencial, líder de una organización rebelde
caucana, Aida Quilcue, reviste la intención de “reivindicar e instrumentalizar”
a los nativos como herramientas de movilización política permanente. Con lo que
reafirma que él, Iván Cepeda, es uno de los actores más conformacionales del
escenario político colombiano, particularmente en sus enfrentamientos con
sectores cercanos al expresidente Álvaro Uribe Vélez.
En síntesis, la discusión de
fondo no es únicamente la figura tenebrosa de Iván Cepeda, sino el rumbo
político del país. La pregunta que debamos responder los colombianos en las
próximas elecciones es si deseamos profundizar o alargar, en cuerpo ajeno, el
desastroso gobierno de Gustavo Petro o abrir una etapa distinta en materia
económica, institucional y de seguridad.
Quien nos ha hablado y
demostrado sus buenas intenciones, que darán los resultados que esperamos, es
Abelardo de la Espriella y su vicepresidente, el exministro José Manuel
Restrepo, un verdadero equipo de estadistas que se han preparado para gobernar,
y que no son materia de improvisaciones de última hora.



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