La política latinoamericana está viviendo un fenómeno muy interesante: el surgimiento de líderes cuya autoridad no proviene necesariamente de una larga carrera en cargos administrativos, sino de su trayectoria profesional, su carácter y su empatía con el descontento ciudadano.
El caso más visible es el del presidente de Argentina,
Javier Milei. Antes de llegar a la presidencia, el Dr. Milei no había ocupado
ministerios, gobernaciones ni alcaldías. Su principal trayectoria estaba en la
academia, en su profesión de economista y en el debate público.
Ese aparente déficit de experiencia no les impidió a
millones de argentinos ver en él una alternativa frente a una dirigencia
política corrupta que, pese a décadas de experiencia en el poder, llevó al país
a una profunda crisis económica e institucional.
Lo que, para algunos envidiosos, que le señalaban su
falta de burocracia como una debilidad, terminó siendo parte de su fortaleza: no
pertenecía a la tradicional estructura de poder.
Algo muy parecido comienza a discutirse en Colombia
alrededor de la figura de Abelardo de la Espriella. Sus enemigos y críticos
repiten con insistencia que Abelardo no ha ocupado cargos administrativos
dentro de la frondosa burocracia nacional. Pero deliberadamente omiten un
aspecto esencial: su amplia y reconocida trayectoria en el ejercicio del
derecho penal, donde ha construido una carrera exitosa.
La experiencia no se limita al ejercicio de cargos
públicos. También se forma en la vida profesional, en la empresa privada, en el
litigio, en la academia y en la confrontación de ideas. Su gran experiencia
está en la dirección de equipos jurídicos, enfrentando procesos de alta
complejidad y sosteniendo batallas legales de gran visibilidad pública, lo que
significa que el Dr. de la Espriella, no es un candidato improvisado.
En muchos casos de prohombres y dirigentes
“experimentados”, son precisamente los responsables de los problemas que los
colombianos deseamos cambiar.
El triunfo de Milei demostró que la gente, cuando siente
que el sistema se ha agotado, están dispuestos a apostar por liderazgos
distintos, porque lo que buscan no es burocracia, sino convicción, carácter,
independencia y claridad de rumbo.
La pregunta que debemos hacernos sobre el debate de la
experiencia, debemos plantearla de otra manera: no es simplemente cuántos
cargos públicos han ocupado, sino si tienen el carácter, la preparación y la
independencia para conducir una nación en tiempos de crisis.
Y, al Dr. Abelardo esas condiciones lo enaltecen y nos dan
la confianza para entregarle los destinos de nuestra patria a partir del 7 de
agosto de 2026.



No hay comentarios:
Publicar un comentario