Por: Julio Bahamon.
Cuando el sujeto que
vive en la casa de Nariño afirmo que “pendejo es el colombiano que quiera
comprar casa”, es además de una estupidez un exabrupto. Petro no fue capaz de
diseñar una política de vivienda para los pobres, y lo que quiso fue tapar su
incompetencia con frases despectivas contra el ciudadano mientras evade su
responsabilidad. Ese mismo patrón se repite con consecuencias mucho más graves
en materia de seguridad y defensa. La constante ligereza verbal de Gustavo
Petro confirma su irresponsabilidad institucional.
Tras la tragedia del avión Hercules C-130 en Putumayo, que
ocasionó más de 70 militares muertos, el presidente salió torpemente a insinuar
que se trataba de una “chatarra”. Una afirmación ligera e irresponsable, pero
la realidad es otra: la aeronave hacia parte de una flota que, con
mantenimiento adecuado, podía operar durante más de 40 años. El comandante de
la Fuerza Aeroespacial sostuvo que ese equipo tenía vida útil operativa por
muchos años más. El problema no era el avión “chatarra” como lo califico Petro,
sino el respaldo presupuestal y técnico del Estado que fue lo que no tuvo.
¿Cuál fue la respuesta que conoció el pais?, la salida, por el llamado a
calificar servicios del general comandante de las fuerzas aeroespaciales, es
decir, la cuerda se rompió por la parte más delgada. Cortaron la “cabeza” de un
general de la Republica pundonoroso que tuvo el coraje de decirle la verdad al
presidente de la República, de que no le mintiera más la pueblo.
A veces pienso que la actitud de los altos mandos de las
Fuerzas Militares es pasiva, no tanto por la intolerancia del gobierno con los
militares que se atreven a disentir sin encontrar un respaldo decidido de la
sociedad civil ni de algunos dirigentes que le temen a Petro, sino por la
indiferencia y el comportamiento personal y político de quienes se dicen ser
lideres de la oposición. Este gobierno
se ha especializado en descalificar, culpar, remover hechos, y aprovecha para
lanzar afirmaciones ligeras, instalar narrativas convenientes y en castigar a
quien le incomode. Si para Gustavo Petro “pendejo” es el ciudadano que quiere
progresar comprando su casa, el problema no es la casa, ni los intereses que
debe pagar por él crédito para su casa, pendejo es el que, viendo lo que está
pasando, decide respaldar la continuidad de este modelo de gobierno. Por eso, respaldar al candidato de Petro y
del continuismo, como es Iván Cepeda Castro, es votar por la desautorización de
la Fuerza Pública, es apoyar las mentiras por encima de la verdad y la evasión
de responsabilidades. Las palabras del
presidente de la república insultaron la inteligencia de los colombianos,
descalificaron a las Fuerzas Armadas y castigaron la verdad que incomoda.
Amigos, les hago un llamado cordial: ¡Colombia no puede darse
el lujo de equivocarse otra vez! Apoyemos con decisión a Abelardo de la
Espriella, para ganar en primera vuelta.



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