Análisis de la misiva del Dr. Eduardo Mackenzie escritor y columnista, para la dirigencia del Centro Democrático.
El
artículo del Dr. Eduardo Mackenzie, publicado en la plataforma de Costa
Noticias, titulado: “Una nueva equivocación del Centro Democrático”, no debemos
verlo como un ataque; es una advertencia sería que debería ser escuchada con
humildad por su dirigencia. Lo que allí se denuncia, la improvisación, la
opacidad y la ausencia de democracia interna, confirma una preocupación que
desde hace meses venimos debatiendo como una deriva estructural que amenaza la
supervivencia política del partido.
El escritor Mackenzie manifiesta que un método sin democracia no da legitimidad al mecanismo utilizado para escoger la candidata presidencial, porque, según el columnista, careció de democracia real. Partiendo de la consideración de que no hubo consulta abierta a las bases, ni existió deliberación orgánica ni voto militante. En su lugar se impuso un sistema tecnocrático de encuestas, manejado por una elite partidista, sin controles claros ni pedagogía política. En el caso de la escogencia de candidatos a la Cámara de Representantes, también hubo, en muchos departamentos, injerencia indebida de algunos de los precandidatos presidenciales, lo que nos obligó a muchos a marginarnos de apoyar esas candidaturas. Nuestro partido que nació denunciando el clientelismo, la imposición y la politiquería no debe justificar los métodos que combatió.
Lamentable
espectáculo que ha venido dando: de partido democrático, paso a ser un club
cerrado de amigos: puede ser una crítica
incómoda, pero cierta. Por ningún motivo, ni el Dr. Mackenzie, ni el suscrito,
desconocemos el liderazgo histórico de Álvaro Uribe Vélez, pero si cuestionamos
algo esencial: un partido no puede depender eternamente del criterio de un solo
líder ni de pequeños grupos de confianza sin abrirse a la militancia, a los territorios
y las nuevas generaciones. Muchos de los
amigos y admiradores del expresidente Uribe nos preguntamos: ¿dónde quedo el
“Centro de la democracia”? Cuando decidimos entrar entusiasmados al partido
hace 10 años lo hicimos porque implicaba una promesa: Equilibrio,
institucionalidad, deliberación y respeto por la pluralidad de opiniones
internas. Hoy esa promesa está en entredicho: porque no hay consultas internas,
la imposición de listas cerradas sin debate es una costumbre y la selección
presidencial sin voto militante, desocuparon el contenido del concepto mismo de
democracia interna.
Nos
estamos acercando históricamente al método del PRI (Partido Revolucionario Institucional
de México): denominado “el dedazo”. La imposición vertical de candidatos termino
por destruir la legitimidad de un partido que se creyó eterno. El Centro
Democrático corre el mismo riesgo: desconectarse de las bases, perder
credibilidad electoral y convertirse en una organización rígida, incapaz de
renovarse, y de ver como sus votantes migran o se abstienen. Entiendan los
amigos que no se trata de destruir, sino de corregir. La propuesta debe ser:
regresar a las bases. Sin consultas internas, sin voto militante, sin
transparencia en la escogencia de candidatos, sin respeto por las regiones, a
veces pienso, si vale la pena seguir.



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