"Detrás de ese grupo se percibe, una vez más, las manos del titiritero Juan Manuel Santos, moviendo los hilos de las marionetas de la politiquería en el que algunos se han prestado gustosos al papel de fantoches".
Por Julio Bahamon Vanegas
Mientras el país se estremece por los ataques
criminales contra la población civil, como lo que vimos recientemente en Suarez
Cauca, donde jóvenes, mujeres y adultos mayores fueron puestos a merced de los
grupos violentos, una parte de la dirigencia policía pareciera vivir en otra
dimensión en la que no se dan por enterados de los que sucede en la realidad,
ensimismados en sus cálculos políticos, vanidades y juegos de poder.
Resulta
inaudito que, en medio de un ataque aterrador, varios precandidatos de esos que
pertenecen al “Club de los Unos”, coincidan en promover una consulta
costosísima, no para ofrecerle una salida clara al Colombia, sino para resolver
quién será el candidato del “uno por ciento”. Una consulta que no nace de una
causa nacional, sino de un acuerdo de elites.
Detrás
de ese grupo se percibe, una vez más, las manos del titiritero Juan Manuel
Santos, moviendo los hilos de las marionetas de la politiquería en el que
algunos se han prestado gustosos al papel de fantoches.
Lo
verdaderamente inexplicable es que al escenario de la comedia haya terminado
involucrada la candidata del partido Centro Democrático, sin percatarse de los
vínculos de varios de ellos con el gobierno de Santos y que, en sus conciencias
guardan varios pecados mortales, como su cercanía con los escándalos de Reficar
y Dragacol, con el mecenas del Gerente de Ecopetrol, con pagos inusuales a
contratistas, es el caso del señor Reginaldo Bray, y otras “yerbas del
pantano”. Tampoco tuvo en cuenta la distinguida candidata el anuncio que meses
atrás hizo el propio jefe del partido que, por razones de austeridad nacional,
el partido se apartaría de semejante despropósito. Seguramente la animo, el
adagio popular que dice que: “en el reino de los ciegos, el tuerto es rey”. Siempre es verdad que el 2% es mayor al 1%.
Hoy
esos grupitos siguen absolutamente desorientados, atrapados en organizar
pasarelas en donde desfilen vanidades, en tanto, el país se desangra en los
territorios. Esos liliputienses aspirantes mantienen amarrada a una parte de
la opinión con pequeños lazos. No tienen una agenda clara frente a la violencia
criminal, ni un mensaje de autoridad, ni un mensaje de respaldo definido hacia
las comunidades azotadas por la violencia. La manigua y su objetivo político
tiene nombre propio: la gavilla de candidatos se ha diseñado para atravesársele
al único candidato con las mayores posibilidades reales de triunfo, el doctor
Abelardo de La Espriella. No es una alianza para ofrecer alternativas sólidas
al país, sino para impedir su victoria en primera vuelta.
En
esa trampa no vamos a caer. Ahora, con mayores bríos y decisión, vamos con
Abelardo de la Espriella a la victoria: ¡Firmes por la Patria!



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