Lo que le hace falta a Cepeda, lo quiere aportar Petro, con ese aumento populista del 23,5% sin importarle los destrozos que ocasionara a la economía del país.
El aumento decretado del 23.5% del salario mínimo no obedece
a un estudio técnico ni mucho menos responsable: se trata de una jugada
política cuidadosamente calculada. Más que una solución laboral, se trata de un
instrumento electoral diseñado para compensar las debilidades políticas y la
falta de liderazgo popular de sus candidatos, en especial de figuras como Iván
Cepeda, cuya desconexión con el electorado es cada vez más evidente.
El mensaje es simple y posiblemente eficaz en lo emocional:
“este gobierno si les subió el salario a los trabajadores”. Poco importa si
detrás de esa aseveración falsa se esconde un riesgo real para el empleo
formal, un golpe directo a las pequeñas y medianas empresas y una presión
adicional sobre la inflación. En la lógica de los populistas y áulicos del
gobierno, el impacto a corto tiempo vale mas que las consecuencias
estructurales.
Pero lo que nos muestra la experiencia es claro: los
aumentos del salario mínimo que superan ampliamente la productividad no generan
bienestar sostenible. Por el contrario, expulsan trabajadores hacia la
informalidad, encarecen los costos de producción, debilitan la competitividad y
terminan afectando precisamente, a lo sectores vulnerables que se dice
proteger. Pero eso a los destructores del país no les importa, ya que ellos
acuden a una narrativa emocional que necesita apoyarse en gestos ruidosos.
Este aumento no obedece a una política social integral, ni
va acompañado de una estrategia económica sería que estimule el empleo, reduzca
cargas a los empleadores o fortalezca la economía productiva. Es más bien, un
acto irresponsable de propaganda, una transferencia simbólica de popularidad en
un momento en que la izquierda y su partido político el pacto Histórico muestra
signos de fatiga y desgaste.
Lo que hace Gustavo Petro es poner la economía del país al
servicio de la campaña, sacrificando reglas fiscales, señales de confianza y
estabilidad macroeconómica a cambio de aplausos, al lado de su alfil el
ministro exguerrillero del ELN Antonio Sanguino. Algo que nos debe quedar
develado es que los fulanos que se formaron dentro de la insurgencia, con la
intención de volver trizas al pais, no tienen la capacidad para gobernar. Tarde
o temprano, los costos de este populismo salarial recaerán sobre los
colombianos sin exclusión alguna.
El debate electoral quedó servido: responsabilidad económica
versus populismo electoral. Y el salario mínimo que manoseo ayer el presidente
Petro, lejos de ser una solución, se convirtió en la piedra angular dentro de
la confrontación política del 2026.



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