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miércoles, 29 de julio de 2026

TRAS 20 AÑOS DE BÚSQUEDA, FAMILIA DE SUGEY ARRIGUI PUDO DARLE EL ÚLTIMO ADIÓS.

Después de dos décadas de incertidumbre, dolor y esperanza, la familia de Sugey Arrigui Arrigui finalmente pudo despedirse de ella en una ceremonia de entrega digna realizada en el municipio de Mocoa Putumayo.

 

El reencuentro fue posible gracias al trabajo de investigación humanitaria adelantado por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en los departamentos de Huila y Putumayo, en articulación con la Corporación Humanitaria Reencuentros y con el apoyo de aportes realizados por firmantes del Acuerdo de Paz.


Por: Redacción Judicial

 

La ceremonia estuvo marcada por el silencio, el recogimiento y el profundo significado de un duelo que permaneció durante años. Antes de los actos protocolarios, los familiares tuvieron un espacio privado para reencontrarse con Sugey. Entre abrazos, lágrimas y oraciones comenzaron a cerrar una historia marcada por la desaparición y el conflicto armado.

 

Posteriormente, la Unidad de Búsqueda explicó el proceso investigativo que permitió reconstruir el recorrido de Sugey hasta lograr su identificación. La jornada concluyó con una eucaristía y la inhumación de sus restos en el cementerio municipal de Mocoa, donde finalmente recibió sepultura junto a su familia.

 

Una búsqueda que tardó dos décadas

 

Sugey Arrigui desapareció en 2006 y, según establecieron las investigaciones, perdió la vida en 2012 en hechos relacionados con el conflicto armado en el municipio de San Agustín, Huila. Aunque sus familiares fueron informados de su fallecimiento, las condiciones de violencia de la época les impidieron reclamar el cuerpo.

 

Ante la ausencia de familiares, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses la inhumó como cuerpo no identificado, lo que hizo que su paradero permaneciera desconocido durante otros catorce años.

 

La historia comenzó a cambiar en diciembre de 2024, cuando la Unidad de Búsqueda recuperó sus restos durante una intervención humanitaria en el cementerio San Antonio de Padua, en el municipio de Pitalito, Huila.

 

El investigador humanitario de la UBPD en Huila, Isaac Giraldo, explicó que el caso representó un importante reto para el equipo investigador.

 

"Este caso es muy especial para nosotros por todo lo que implicó la investigación. Gracias a la información que el Instituto de Medicina Legal conserva en los cuerpos, logramos ubicar el protocolo de necropsia y, mediante el trabajo articulado con la Corporación Humanitaria Reencuentros y los aportes de firmantes de paz, pudimos orientar la identidad de Sugey y establecer contacto con su familia en coordinación con el equipo de la Unidad de Búsqueda en Putumayo", señaló.

 

El cierre de un duelo

 

Para la familia, la entrega digna significó mucho más que la recuperación de un cuerpo. Representó la posibilidad de cerrar un ciclo de incertidumbre que se prolongó durante veinte años.

 

Rosalba Arrigui, hermana mayor de Sugey, recordó que durante catorce años no tuvieron la oportunidad de darle sepultura y que la desaparición mantuvo viva la esperanza de volver a encontrarla con vida.

 

"Al tener un ser querido desaparecido, uno siempre conserva la esperanza de volverlo a ver. Eso fue lo más difícil de este proceso. Hoy sentimos dolor, pero también tranquilidad porque finalmente pudimos despedirla. Agradecemos profundamente a quienes hicieron posible este reencuentro", expresó.

 

 

Por su parte, María Estela Arrigui describió el momento como una mezcla de alivio y tristeza.


"Es un sentimiento difícil de explicar. Hay alegría porque por fin apareció y sabemos dónde está, pero también una profunda nostalgia. Al menos ahora tenemos la certeza de que sí la encontramos y podemos despedirnos de ella", manifestó.

 

La Unidad de Búsqueda destacó que este caso refleja la importancia de las investigaciones humanitarias y del trabajo articulado entre instituciones y organizaciones para devolver identidad a las víctimas de desaparición y brindar respuestas a las familias que aún esperan conocer el paradero de sus seres queridos, contribuyendo a la reparación y a la construcción de memoria en los territorios afectados por el conflicto armado.

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