Por: Julio Bahamon
La elección de la presidencia del
Senado dejo un sabor amargo a millones de colombianos que pensábamos que
después del 21 de junio cuando gano las elecciones el Dr. Abelardo de la
Espriella, triunfo que fue reconocido por el expresidente Alvaro Uribe, jefe
del Centro Democrático al punto de que su partido se declaró partido de
gobierno, pocos imaginamos: que el
candidato impulsado por el expresidente Alvaro Uribe obtuviera el respaldo de
los votos del Pacto Histórico, el de Gustavo Petro, el mismo movimiento que
durante muchos años convirtió al uribismo en su principal adversario y a su
líder en objetivo judicial.
Quedan muchas preguntas que la
opinión pública debe hacerse.
¿Si el expresidente Uribe
reconoció la victoria electoral del presidente Abelardo de la Espriella y
declaro que el Centro Democrático seria partido de gobierno, como interpretar
una maniobra política construida con los votos del petrismo y de Iván Cepeda,
sus carceleros?
¿Es el Centro Democrático partido
de gobierno o actúa como opositor? ¿Dónde termina la coherencia y donde
comienza la conveniencia?
Se repite con frecuencia que el
agua y el aceite no se mezclan. Sin embargo, en la política si es posible
cuando el objetivo es conquistar una posición de poder, hasta los antagonismos
mas profundos pueden hacer posible que estos dos elementos se mezclen. No es la
primera vez que ocurre: en 1973, en el Huila, dos jefes liberales
irreconciliables durante años, Guillermo Plazas Alcid, del liberalismo
oficialista, y Diego Omar Muñoz Piedrahita del MRL, dejaron de lado sus
diferencias para impedir qué un joven dirigente, Rodrigo Lara Bonilla, padre
del actual ministro del interior, Rodrigo Lara Restrepo, pudiera participar en
la Convención Liberal Departamental. El recinto fue acordonado por la policía
para impedir el ingreso de Lara y de quienes lo acompañábamos.
Aquella fue una victoria política
y también fue un enorme error. ¿Esta, la de ayer 20 de julio como la
catalogaremos?
Pocos meses después los huilenses
hablaron en las urnas. Rodrigo Lara fundo Dignidad Liberal y obtuvo una
victoria que cambio para siempre la política del departamento.
La historia demostró que los
acuerdos constituidos para excluir a un adversario suelen terminar
fortaleciendo precisamente a quienes se pretende derrotar. Nos preguntamos que
gano realmente Alvaro Uribe con esta operación política. ¿Justifica la presidencia
del Senado una coincidencia con quienes durante años promovieron su
enfrentamiento político y judicial? ¿Era indispensable esa victoria para un
líder de su trayectoria? En política las victorias tácticas suelen durar un
día, las consecuencias estratégicas permanecen durante años.
La historia se encargará de
juzgar lo acontecido.



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