"Honorable Diputado Armando Acuña: Una de las mayores tragedias de la administración publica colombiana consiste en haber confundido el ejercicio del poder con la simple ocupación de un cargo. Gobernar no es posar para las fotografías en la inauguración de una obra. Por eso merece reconocimiento el ejercicio de control político que ha venido adelantando Ud. desde la Asamblea del Huila".
Por: Julio Bahamon
Mientras muchos optan por el cómodo silencio, como en su defecto han actuado los que asumieron el papel de ser oposición, Ud. ha preferido cumplir con la obligación que le impusieron sus electores: vigilar la correcta inversión de los recursos públicos y denunciar aquello que considera lesivo para el patrimonio de los huilenses.
Las denuncias son demasiado graves para para ser vistas con la acostumbrada indiferencia burocrática. Ahí está el distrito de riego de Tesalia - Paicol, acordado para transformar el desarrollo agropecuario del occidente del departamento. Esa obra estimada inicialmente en la suma de $80 mil millones de pesos, hoy supera los $270 mil millones, sin haber sido terminada porque supuestamente esta a la espera de nuevas adiciones presupuestales. Un verdadero “elefante blanco” de la improvisación, si los organismos de control lo determinan, o a algo todavía mas grave.
También están los llamados “Mega Colegios de la Felicidad” anunciados por la administración de Carlos Julio González. Mas de $47 mil millones de pesos comprometidos y ni un solo colegio entregado. ¿Y el dinero donde esta? Un asalto y una burla a las comunidades a las que les habían ofrecido esas obras. Y qué decir de la Ruta 45. Se prometió una moderna autopista de doble calzada entre Neiva- Pitalito- Mocoa. ¿En qué termino? En realidad, en un modesto tramo hasta Campoalegre. Nunca aparecieron los terceros carriles que permitieran mejorar la movilidad. Nunca se construyo Pericongo, se incumplió con la ruta critica del contrato. A la lista deben agregarse las vías inconclusas del circuito turístico San Agustín – Isnos – Pitalito. La carretera a Puerto Alegria en Garzón, la doble calzada a Rivera, la vía a San Antonio del Pescado, la repavimentación del tramo Cucara – Tello, y Palermo, la carretera cruce Salado blanco Oporapa, donde apenas 5,5 kilómetros parecen haberse convertido en un “barril sin fondo” una obra interminable con varias licitaciones con el mismo objeto, sin terminar. La Canalización de la quebrada Rio Frio en Campoalegre por mas de $20 mil millones de pesos, y solo hicieron 200 metros lineales de canal.
El gobernador no puede esconderse en el argumento de que los recursos nacionales no “les pertenecen”. Esa excusa es equivocada. Todo gobernador tiene un deber superior: supervisar permanentemente la ejecución de las obras que se desarrollan dentro de su jurisdicción. La negligencia de los gobernadores Villalba y González Villa y sus carnales sucesores constituyen faltas gravísimas y han dado espacio a la corrupción. Los huilenses tienen derecho a exigir que las obras se concluyan y que quien incumpla responda ante la ley.
Si los huilenses me dan la oportunidad de ser su gobernador a partir del 1 de enero de 2028, no habrá contratos sin control, ni sin vigilancia por parte del ingeniero gobernador. Ninguna obra podrá desaparecer del radar oficial. Se establecerán comités de ciudadano probos escogidos por las comunidades para vigilar que cada proyecto que presente retrasos injustificados, sea objeto de intervención inmediata.



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