En la vereda Sicande, una asociación de jóvenes
apicultores demuestra que el campo huilense también ofrece oportunidades para
emprender, proteger la biodiversidad y garantizar el relevo generacional. Con
el respaldo de la Gobernación del Huila, fortalecen una actividad que beneficia
tanto a las familias campesinas como a los ecosistemas.
Por: Redacción Actualidad
Apenas quince minutos separan el casco urbano de Timaná
de la vereda Sicande. El camino conduce hacia un paisaje donde el verde de los
árboles y los pastizales domina el horizonte, salpicado por el rojo intenso de
los cachingos florecidos y el violeta de los gualandayes. Allí, entre guaduales
que se mecen suavemente con el viento, el zumbido constante de miles de abejas
anuncia que la naturaleza trabaja sin descanso.
En ese escenario funciona el apiario de la Asociación de
Jóvenes Rurales Apicultores del Municipio de Timaná, un proyecto liderado por
Santiago Cadena Quevedo, quien encontró en las abejas no solo una fuente de
ingresos, sino una forma de vida heredada de su padre, Faiber Cadena.
Para Santiago, cada colmena representa mucho más que
miel. Es un compromiso con la conservación ambiental y una oportunidad para
demostrar que los jóvenes pueden encontrar en el campo un proyecto de vida
sostenible.
Antes de acercarse a las colmenas, la rutina exige
disciplina. A unos 500 metros del apiario comienza el protocolo de seguridad.
Overol blanco, botas de caucho, guantes y una careta de malla fina cubren
completamente el cuerpo.
La razón es sencilla. Cuando una abeja utiliza su aguijón
libera una feromona de alarma que alerta al resto de la colonia, provocando una
respuesta defensiva colectiva. Por eso, cada movimiento debe hacerse con calma
y siguiendo estrictamente las recomendaciones de los apicultores.
El silencio también hace parte del trabajo.
Con un ahumador en mano, Santiago aplica pequeñas
cantidades de humo en la entrada de cada colmena. El procedimiento tranquiliza
temporalmente a las abejas y permite abrir cuidadosamente las cajas donde viven
miles de ellas.
Retirar el techo, levantar la sobretapa y extraer los
cuadros de madera es una labor que requiere experiencia y precisión. Uno a uno
inspecciona los panales buscando huevos, larvas, reservas de miel y el estado
general de la colonia. Cada detalle permite conocer la salud de la reina y
proyectar el crecimiento del apiario.
Mientras el incesante vuelo de las abejas rodea el lugar,
Faiber Cadena observa con satisfacción el trabajo de su hijo.
Recuerda que fue gracias a la apicultura que logró
sostener a su familia durante muchos años y por eso decidió transmitirle ese
conocimiento a la siguiente generación.
Para él, las colmenas representan mucho más que la
producción de miel. De ellas también se obtienen polen, propóleos, cera, jalea
real y apitoxina, productos con alta demanda en los mercados por sus
propiedades nutricionales y medicinales.
Pero el mayor aporte de las abejas va mucho más allá de
los ingresos económicos.
Durante cada vuelo realizan una labor silenciosa e
indispensable: la polinización. Gracias a este proceso se reproducen miles de
especies vegetales que sostienen los ecosistemas y garantizan buena parte de la
producción mundial de alimentos.
Finalizada la inspección, algunos cuadros completamente
llenos de miel son retirados cuidadosamente para evitar alterar el
comportamiento de las colonias. Las cajas vuelven a cerrarse rápidamente, pues
el exceso de manipulación puede generar estrés y provocar una reacción
defensiva, especialmente cuando existen varias colmenas ubicadas a poca
distancia unas de otras.
Lejos del apiario llega la recompensa.
La miel recién cosechada luce un color dorado con
reflejos rojizos que brillan bajo los rayos del sol filtrados entre los
árboles. Su aroma floral y su sabor intenso reflejan la riqueza de la
vegetación que rodea las colmenas y el trabajo paciente de miles de abejas.
Impulso al relevo generacional
La Asociación de Jóvenes Rurales Apicultores del
Municipio de Timaná hace parte de las 37 organizaciones beneficiadas por la
convocatoria "A Jóvenes para Garantizar el Relevo Generacional Rural por
un Huila Grande", liderada por la Gobernación del Huila.
Gracias a este programa recibieron diez colmenas
completas con sus respectivos soportes y techos, una centrífuga de tres marcos
en acero inoxidable para la extracción de miel, overoles de protección,
material biológico con reinas mejoradas, además de asistencia técnica y
acompañamiento financiero por parte de la Secretaría de Agricultura y Minería.
El propósito de esta estrategia es fortalecer los
emprendimientos rurales liderados por jóvenes, promoviendo actividades
productivas que generen ingresos, arraigo al territorio y sostenibilidad
ambiental.
Guardianas de la vida
La importancia de proteger a las abejas trasciende
cualquier actividad económica.
De acuerdo con organismos internacionales especializados
en alimentación y agricultura, cerca del 75 % de los cultivos destinados a la
producción mundial de alimentos dependen, al menos parcialmente, de la
polinización animal, mientras que aproximadamente el 90 % de las plantas con
flores requieren este proceso para reproducirse. Las abejas son, por amplio
margen, los principales polinizadores.
Su desaparición tendría consecuencias directas sobre la
seguridad alimentaria, la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas.
En Sicande, cada colmena es una prueba de que conservar
la naturaleza también puede convertirse en una oportunidad de desarrollo. Allí,
entre flores, guaduales y montañas, un grupo de jóvenes huilenses demuestra que
el relevo generacional del campo no solo pasa por cultivar la tierra, sino
también por proteger a los pequeños insectos que hacen posible la vida.
Porque mientras las abejas continúen volando entre los bosques y cultivos del Huila, también seguirá latiendo la esperanza de un campo más próspero, sostenible.


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