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viernes, 29 de agosto de 2025

SAN AGUSTÍN: CUANDO EL HUILA SE HIZO PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

 

 

POR WILFRED TRUJILLO TRUJILLO

Diputado Asamblea del Huila

 

Hace treinta años, el misterio de unas esculturas enterradas en las montañas del Huila fue reconocido como un tesoro de toda la humanidad. El 5 de diciembre de 1995, en la asamblea de la UNESCO celebrada en Berlín, el Parque Arqueológico de San Agustín, junto con los parques arqueológicos de Isnos y Tierradentro, fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. Este reconocimiento no solo fue un hito cultural, sino que abrió las puertas a un proceso de mayor visibilidad, turismo y valoración del legado ancestral que pertenece a los huilenses, pero que al mismo tiempo es parte del patrimonio universal.

 

La historia de esa declaratoria es también la historia de un esfuerzo colectivo. Nada de lo alcanzado habría sido posible sin la gestión articulada de instituciones como el Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA), el ICANH (Instituto Colombiano de Antropología e Historia) de la época, la Cancillería y el Gobierno Nacional. Este logro fue posible gracias a figuras clave como Juan Luis Mejía (COLCULTURA), Roberto Pineda Camacho (ICANH) y María Victoria Uribe (ICANH), así como investigadores y trabajadores del Parque Arqueológico, como Álvaro León Monsalve, Neftalí Meneses y Baudelino Grijalba. Todos ellos, desde distintos ámbitos, fueron piezas fundamentales para que San Agustín fuera inscrito en la lista de los bienes que la humanidad reconoce como únicos e irremplazables.

 

San Agustín es un lugar donde la palabra clave es misterio. A diferencia de otras culturas precolombinas, de la agustiniana se sabe muy poco: no existen registros escritos, y lo que hoy podemos interpretar proviene únicamente de la observación de su imponente estatuaria y los vestigios funerarios en las montañas huilenses. Nadie sabe con certeza quiénes elaboraron esas esculturas, qué significado tenían ni por qué, tras tallarlas con tanto detalle, las sepultaron. El hecho de que un pueblo haya dedicado tanto esfuerzo a construir representaciones de deidades, animales míticos y figuras humanas de gran tamaño, para luego ocultarlas bajo tierra, es un enigma que le da a San Agustín una dimensión única. La UNESCO lo describió como el mayor conjunto de monumentos religiosos y esculturas megalíticas de Sudamérica, y esa definición sintetiza bien su carácter excepcional.

 

Este reconocimiento de 1995 también marcó el inicio de una transformación profunda en la manera como el mundo percibe a San Agustín. Hasta entonces, el parque era conocido principalmente por académicos e investigadores, pero con la inclusión en la lista de Patrimonio Mundial, comenzó a consolidarse como uno de los destinos turísticos más importantes de Colombia. Los números reflejan ese avance: en 2024, el Parque Arqueológico recibió cerca de 62.944 turistas nacionales y 8.286 visitantes internacionales, lo que representa un crecimiento del 7,5% respecto al año anterior. En total, el municipio registró más de 71.000 visitantes ese año. Durante la primera quincena de enero de 2025, ya se habían contabilizado 8.438 turistas, y en los meses de mayo y junio se reportó un incremento del 15% en reservas, lo que refleja el creciente interés por el destino.

 

Más allá de las cifras, lo valioso es que San Agustín ha sabido diversificar su oferta. Hoy no solo se presenta al mundo como un santuario arqueológico, sino también como un territorio de naturaleza, cultura y bienestar. El aviturismo, con más de 500 especies de aves registradas, atrae a observadores nacionales e internacionales. El turismo de naturaleza y senderismo invita a recorrer cascadas, montañas y paisajes cafeteros. La gastronomía local, los cafés especiales y las experiencias comunitarias enriquecen la estadía de quienes llegan. Proyectos innovadores que combinan arquitectura sostenible con tradición y entorno natural, muestran cómo es posible innovar sin perder el arraigo cultural. Cada visitante que pisa San Agustín se lleva una experiencia integral que combina historia, misterio, naturaleza y hospitalidad.

 

Todo esto ha generado impactos positivos en la economía local: más empleos, fortalecimiento de la hotelería y la gastronomía, dinamización de los emprendimientos artesanales y culturales, y una creciente visibilidad del Huila en el mapa turístico mundial. Sin embargo, los retos persisten. La conectividad terrestre y aérea sigue siendo un desafío para ampliar el flujo de visitantes. La infraestructura turística, la señalización, la capacitación de los prestadores de servicios y la promoción internacional requieren aún mayores inversiones y esfuerzos coordinados. Además, es imprescindible que el turismo que se desarrolle sea sostenible, respetuoso con las comunidades locales y comprometido con la preservación del patrimonio arqueológico, que enfrenta amenazas como el deterioro ambiental y el saqueo.

 

Aquí es donde la acción del Estado resulta fundamental. El Gobierno Nacional, junto con las autoridades departamentales y municipales, debe articular esfuerzos para garantizar que San Agustín cuente con la infraestructura y el apoyo necesario. Los ministerios de Cultura y de Comercio, Industria y Turismo, junto con el ICANH y la Gobernación del Huila, tienen la responsabilidad de hacer de este aniversario una plataforma para consolidar una política pública de turismo cultural sostenible que proyecte a San Agustín durante los próximos 30 años.

 

Más allá de los retos, lo que este aniversario nos recuerda es la importancia del orgullo y la identidad huilense. San Agustín no es solo un conjunto de piedras talladas; es un testimonio de creatividad, espiritualidad y misterio que nos conecta con quienes habitaron estas tierras hace siglos. Cada turista que llega se enfrenta a preguntas esenciales sobre la vida, la muerte, lo sagrado y lo trascendente. En esas esculturas, silenciosas y solemnes, está contenida una parte de nuestra historia como humanidad. Reconocerlo nos invita a cuidarlas como un tesoro que no tiene reemplazo.

 

Por eso, los 30 años de Patrimonio Mundial no deben ser vistos únicamente como una celebración conmemorativa, sino como un punto de partida. Una nueva etapa debe comenzar, en la que San Agustín se consolide no solo como orgullo del Huila, sino como referente internacional de turismo cultural sostenible. Si logramos que este aniversario sea la ocasión para proyectar inversiones, fortalecer la promoción y proteger de manera integral nuestro patrimonio, estaremos honrando la memoria de quienes en 1995 hicieron posible la declaratoria y, sobre todo, estaremos construyendo futuro para las generaciones venideras.

 

San Agustín es un puente entre el pasado y el presente, entre el misterio ancestral y las oportunidades contemporáneas. Celebremos con orgullo tres décadas de reconocimiento mundial, pero hagámoslo con la convicción de que el verdadero homenaje no está en mirar hacia atrás, sino en trabajar con visión hacia adelante. Que cada huilense y cada colombiano se sientan llamados a ser guardianes de este legado y a promoverlo con la dignidad que merece. Porque en estas tierras no solo reposan esculturas milenarias, allí late la identidad de un pueblo que, entre montañas y enigmas, sigue ofreciendo al mundo un patrimonio único, eterno e irrepetible.

 

Treinta años no son suficientes para descifrar su misterio, pero sí para honrar su historia.

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