POR WILFRED TRUJILLO
TRUJILLO
Diputado Asamblea del Huila
Hace treinta años, el misterio
de unas esculturas enterradas en las montañas del Huila fue reconocido como un
tesoro de toda la humanidad. El 5 de diciembre de 1995, en la asamblea de la
UNESCO celebrada en Berlín, el Parque Arqueológico de San Agustín, junto con
los parques arqueológicos de Isnos y Tierradentro, fue declarado Patrimonio Mundial
de la Humanidad. Este reconocimiento no solo fue un hito cultural, sino que
abrió las puertas a un proceso de mayor visibilidad, turismo y valoración del
legado ancestral que pertenece a los huilenses, pero que al mismo tiempo es
parte del patrimonio universal.
La historia de esa
declaratoria es también la historia de un esfuerzo colectivo. Nada de lo
alcanzado habría sido posible sin la gestión articulada de instituciones como
el Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA), el ICANH (Instituto Colombiano
de Antropología e Historia) de la época, la Cancillería y el Gobierno Nacional.
Este logro fue posible gracias a figuras clave como Juan Luis Mejía
(COLCULTURA), Roberto Pineda Camacho (ICANH) y María Victoria Uribe (ICANH),
así como investigadores y trabajadores del Parque Arqueológico, como Álvaro
León Monsalve, Neftalí Meneses y Baudelino Grijalba. Todos ellos, desde
distintos ámbitos, fueron piezas fundamentales para que San Agustín fuera
inscrito en la lista de los bienes que la humanidad reconoce como únicos e
irremplazables.
San Agustín es un lugar donde
la palabra clave es misterio. A diferencia de otras culturas precolombinas, de
la agustiniana se sabe muy poco: no existen registros escritos, y lo que hoy
podemos interpretar proviene únicamente de la observación de su imponente
estatuaria y los vestigios funerarios en las montañas huilenses. Nadie sabe con
certeza quiénes elaboraron esas esculturas, qué significado tenían ni por qué,
tras tallarlas con tanto detalle, las sepultaron. El hecho de que un pueblo
haya dedicado tanto esfuerzo a construir representaciones de deidades, animales
míticos y figuras humanas de gran tamaño, para luego ocultarlas bajo tierra, es
un enigma que le da a San Agustín una dimensión única. La UNESCO lo describió
como el mayor conjunto de monumentos religiosos y esculturas megalíticas de
Sudamérica, y esa definición sintetiza bien su carácter excepcional.
Este reconocimiento de 1995
también marcó el inicio de una transformación profunda en la manera como el mundo
percibe a San Agustín. Hasta entonces, el parque era conocido principalmente
por académicos e investigadores, pero con la inclusión en la lista de
Patrimonio Mundial, comenzó a consolidarse como uno de los destinos turísticos
más importantes de Colombia. Los números reflejan ese avance: en 2024, el
Parque Arqueológico recibió cerca de 62.944 turistas nacionales y 8.286
visitantes internacionales, lo que representa un crecimiento del 7,5% respecto
al año anterior. En total, el municipio registró más de 71.000 visitantes ese
año. Durante la primera quincena de enero de 2025, ya se habían contabilizado
8.438 turistas, y en los meses de mayo y junio se reportó un incremento del 15%
en reservas, lo que refleja el creciente interés por el destino.
Más allá de las cifras, lo
valioso es que San Agustín ha sabido diversificar su oferta. Hoy no solo se
presenta al mundo como un santuario arqueológico, sino también como un
territorio de naturaleza, cultura y bienestar. El aviturismo, con más de 500
especies de aves registradas, atrae a observadores nacionales e
internacionales. El turismo de naturaleza y senderismo invita a recorrer
cascadas, montañas y paisajes cafeteros. La gastronomía local, los cafés
especiales y las experiencias comunitarias enriquecen la estadía de quienes
llegan. Proyectos innovadores que combinan arquitectura sostenible con
tradición y entorno natural, muestran cómo es posible innovar sin perder el
arraigo cultural. Cada visitante que pisa San Agustín se lleva una experiencia
integral que combina historia, misterio, naturaleza y hospitalidad.
Todo esto ha generado impactos
positivos en la economía local: más empleos, fortalecimiento de la hotelería y
la gastronomía, dinamización de los emprendimientos artesanales y culturales, y
una creciente visibilidad del Huila en el mapa turístico mundial. Sin embargo,
los retos persisten. La conectividad terrestre y aérea sigue siendo un desafío
para ampliar el flujo de visitantes. La infraestructura turística, la
señalización, la capacitación de los prestadores de servicios y la promoción
internacional requieren aún mayores inversiones y esfuerzos coordinados.
Además, es imprescindible que el turismo que se desarrolle sea sostenible,
respetuoso con las comunidades locales y comprometido con la preservación del
patrimonio arqueológico, que enfrenta amenazas como el deterioro ambiental y el
saqueo.
Aquí es donde la acción del
Estado resulta fundamental. El Gobierno Nacional, junto con las autoridades
departamentales y municipales, debe articular esfuerzos para garantizar que San
Agustín cuente con la infraestructura y el apoyo necesario. Los ministerios de
Cultura y de Comercio, Industria y Turismo, junto con el ICANH y la Gobernación
del Huila, tienen la responsabilidad de hacer de este aniversario una plataforma
para consolidar una política pública de turismo cultural sostenible que
proyecte a San Agustín durante los próximos 30 años.
Más allá de los retos, lo que
este aniversario nos recuerda es la importancia del orgullo y la identidad
huilense. San Agustín no es solo un conjunto de piedras talladas; es un
testimonio de creatividad, espiritualidad y misterio que nos conecta con quienes
habitaron estas tierras hace siglos. Cada turista que llega se enfrenta a
preguntas esenciales sobre la vida, la muerte, lo sagrado y lo trascendente. En
esas esculturas, silenciosas y solemnes, está contenida una parte de nuestra
historia como humanidad. Reconocerlo nos invita a cuidarlas como un tesoro que
no tiene reemplazo.
Por eso, los 30 años de
Patrimonio Mundial no deben ser vistos únicamente como una celebración
conmemorativa, sino como un punto de partida. Una nueva etapa debe comenzar, en
la que San Agustín se consolide no solo como orgullo del Huila, sino como
referente internacional de turismo cultural sostenible. Si logramos que este
aniversario sea la ocasión para proyectar inversiones, fortalecer la promoción
y proteger de manera integral nuestro patrimonio, estaremos honrando la memoria
de quienes en 1995 hicieron posible la declaratoria y, sobre todo, estaremos
construyendo futuro para las generaciones venideras.
San Agustín es un puente entre
el pasado y el presente, entre el misterio ancestral y las oportunidades
contemporáneas. Celebremos con orgullo tres décadas de reconocimiento mundial,
pero hagámoslo con la convicción de que el verdadero homenaje no está en mirar
hacia atrás, sino en trabajar con visión hacia adelante. Que cada huilense y
cada colombiano se sientan llamados a ser guardianes de este legado y a
promoverlo con la dignidad que merece. Porque en estas tierras no solo reposan
esculturas milenarias, allí late la identidad de un pueblo que, entre montañas
y enigmas, sigue ofreciendo al mundo un patrimonio único, eterno e irrepetible.
Treinta años no son suficientes para descifrar su misterio, pero sí para honrar su historia.
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