"Universidades politizadas y presas de la corrupción, son universidades débiles y se convierten en un lastre para toda la región."
POR
JULIO BAHAMON VANEGAS
El
más reciente informe del Observatorio de Universidades de Colombia dejo
develada una realidad dolorosa: la mayoría de las universidades regionales
obtuvieron calificaciones muy bajas, y en el Huila ninguna supero los 50
puntos, un promedio mediocre frente a otros centros de educación superior en el
país.
El
diagnostico es claro: la politiquería, la corrupción y la mediocridad
administrativa ha degradado nuestras universidades al punto de poner en riesgo
el futuro de generaciones enteras. La Surcolombina del Huila, de un tiempo para
acá, ha estado al servicio de clanes politiqueros del departamento y su
vigencia amenaza con colapsar.
Los
primeros afectados son los estudiantes. Jóvenes con talento se ven obligados a
recibir clases dictadas muchas veces por docentes escogidos por recomendación
política y no por méritos académicos. Al final de sus estudios obtienen un
título con escaso reconocimiento, que poco aporta a su competitividad laboral.
Las
familias, que con enormes sacrificios sostienen sus estudios, reciben como
retribución la frustración de ver a sus hijos condenados a un futuro incierto.
Universidades
politizadas y presas de la corrupción, son universidades débiles y se
convierten en un lastre para toda la región. Sin investigación, sin innovación,
el Huila pierde capacidad de atraer inversión, se frena el desarrollo económico
y se le condena a la fuga de talentos, pues los mejores estudiantes emigran
hacia otras universidades, en otras ciudades o países, dejando vacío de
liderazgo y conocimiento en su comarca.
Hago
un llamado a los estudiantes a no resignarse, a que se organicen para exigir
calidad, transparencia en los procesos de nombramientos, para que la
universidad no continúe siendo un botín electoral.
La
ciudadanía también juega un papel crucial. Evitar a toda costa que la
universidad pública continúe siendo presa de clanes políticos y de la
corrupción. La sociedad debe vigilar, exigir rendición de cuentas y debe
respaldar procesos que busquen excelencia académica.
Si
queremos un departamento competitivo, con oportunidades y futuro, debemos
comenzar por liberar la educación superior de la politiquería que la carcome.
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